[TECNOLOGÍA]

Matando a distancia

El Gobierno de Estados Unidos confirmó hace unos días haber matado al súbdito libio Abu Yahia al Libi, considerado como el líder más importante de Al Qaeda después del egipcio Ayman al Zwahiri. El portavoz de la Casa Blanca dio incluso detalles de cómo tuvo lugar el ajuste de cuentas: en Pakistán y mediante bombardeos con aviones no tripulados, esos artefactos a los que, en la jerga militar, se conoce como drones.

Cada vez que sucede algo así se reavivan los debates acerca del derecho que tiene un Estado de acometer acciones de guerra en suelo ajeno y sin que tal condición, la de la guerra, haya sido siquiera declarada. Como es natural, esas discusiones o bien se relegan al terreno de la ética, o son un puro debate académico; lo crucial es considerar que hoy no solo es posible localizar al enemigo oculto del único imperio que queda –de momento– sino que, encima, cabe matarlo de una forma tan aséptica que ni siquiera hace falta enviar un escuadrón como sucedió con Osama bin Laden.

Se diría, incluso que ambas cuestiones, la técnica y la moral, se encuentran relacionadas. Lo están, desde luego, desde el punto de vista de quienes disponen de los artilugios precisos para bombardear a ciegas y por medio de drones; robots al fin y al cabo. De tal suerte se evitan las bajas propias aunque sea a costa de aumentar los daños colaterales, algo que en el código de conducta de quienes tienen mando sobre la vida de sus soldados se considera muy beneficioso. Pero a lo que quería referirme es a una cuestión diferente: la lejanía de la muerte como factor moral.

En el primer año de este siglo, un psicólogo de Harvard, Joshua Greene, publicó al frente de su equipo un trabajo en Science en el que se detectaban las áreas del cerebro activadas al llevar a cabo tareas de elección ética en las que están implicadas vidas humanas. Greene y sus colaboradores definieron como “actos impersonales” los que conducen a la muerte de alguien –para salvar a más personas, pero eso es secundario– por medio de un mecanismo a distancia: una palanca, por ejemplo, que desvía un tren sin frenos. O, ya que estamos, el botón que lanza los misiles para destruir una aldea lejana. Nada que ver con el hecho de matar cortándole el gaznate a quien tenemos al lado.

Los drones convierten en seguro el bombardeo –para las tropas propias– y en muy aséptica la muerte; nadie la ve, salvo aquellos testigos ocasionales que dispongamos para poder luego confirmar la “neutralización” del enemigo, eufemismo muy a juego con tanta limpieza. Si los pilotos que arrojaron las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki terminaron sufriendo demencias, ese riesgo desaparece con los drones. Cuánta modernidad, ahora que nos fallan los esquemas. Cuánto progreso el que le maten a uno así, a ciegas, y como parte de una maquinaria que roza la perfección en vez de perder el tiempo con paseos al amanecer como se hacía antes, cuando era necesario incluso ensuciarse las manos.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

24 Sep 2017

Primer premio

1 0 7 1

ACDA

Serie: 23 Folio: 11

2o premio

8324

3er premio

5691

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código