[SAQUEO CULTURAL]

Nuevo misterio del arte

El anuncio del hallazgo de un tesoro de pinturas de arte moderno en un departamento en Munich, generó expectativa y reavivó injustificadamente la animadversión contra los alemanes.
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Cornelius Gurlitt se puso nervioso cuando las autoridades alemanas le interrogaron a su regreso de Suiza pensando que se trataba de alguien que tenía dinero escondido en ese país. Sus contradicciones y su nerviosismo condujeron a su departamento en Munich y ahí fue donde se encontraron unas mil 500 obras de pintores famosos como Henri Matisse, Canaleto, Pablo Picasso, Max Beckman y todo un muestrario de la vanguardia cultural de las primeras tres décadas del siglo XX en Alemania.

Luego sobrevino un largo silencio de las autoridades, quienes de inmediato sospecharon que la pinacoteca privada podía tener un origen dudoso. Concretamente que estuviera relacionado con el arte que el Partido Nazi confiscó, robó u obtuvo bajo circunstancias de dudosa legalidad de museos y coleccionistas privados, en su mayoría judíos. Casi dos años después del hallazgo de la colección de Gurlitt, cuando se filtraron las primeras informaciones y se publicaron las primeras listas de los cuadros en la colección, la memoria de la intentona nazi de censurar y regular la vida cultural en Alemania con la famosa exhibición “Arte Degenerado” revivió por todo el mundo.

Formada por 650 pinturas y esculturas saqueadas por los nazis de 32 museos alemanes el propósito declarado de la exhibición del 19 de junio de 1937, inaugurada en Munich pero exhibida durante tres años por toda Alemania, era dejar en claro que para el partido Nacional Socialista “ese” arte moderno “ni era arte ni era alemán”. Lo que siguió después fue un despojo generalizado del cual los coleccionistas judíos sacaron la peor parte.

A pesar de su merecida fama de atropello a la cultura y a los coleccionistas no fueron, sin embargo, los nazis quienes inventaron el saqueo del arte, una práctica tan antigua como la humanidad. El atraco a las tumbas faraónicas se realizó en el siglo III antes de Cristo; Hernán Cortés y sus depredadores conquistadores financiaron las catedrales españolas con el oro que les de robaron a los aztecas; Napoleón construyó su imperio con el botín que extrajo de Europa y así sucesivamente. Durante la Segunda Guerra Mundial también participaron del saqueo de arte los ejércitos soviético y estadounidense.

Lo que le da aliento a este descubrimiento son varios factores. La tardanza de las autoridades alemanas en dar la noticia, que existen tratados que obligan a las autoridades a publicar las listas de los objetos de arte de procedencia dudosa cuanto antes posible para localizar a sus legítimos dueños, y los más de 100 abogados de familiares de posibles víctimas que han apresurado sus pesquisas sobre el tesoro con el fin de presentar sus posibles querellas legales para reclamar las obras que pertenecen a sus clientes.

En medio de tanta prisa, sin embargo, también es importante tomar en cuenta la incertidumbre natural de la proveniencia. Es posible que entre las obras haya decenas que hayan sido obtenidas legítimamente. El padre de Gurlitt era un conocido marchante y coleccionista de arte que pasó de ardiente defensor de la vanguardia a proveedor de arte para los nazis, y que bien pudo haber obtenido las pinturas de sus amigos pintores o pudo haberlas adquirido amparado en la fuerza disuasiva de la amenaza o de la necesidad. Muchos coleccionistas judíos tuvieron que abaratar su arte para salir huyendo de la muerte en un campo de concentración.

El descubrimiento del tesoro artístico también ha suscitado nueva animadversión contra los alemanes, como si las nuevas generaciones fueran culpables de los pecados de sus padres y abuelos. En mayo de 1945, cuando ya Alemania había anunciado su rendición incondicional, Thomas Mann pronuncia la más conmovedora, controvertida y famosa de sus conferencias magistrales en la librería del Congreso estadounidense, Alemania y los alemanes. En ella, Mann plantea una autocrítica implacable confesándose cómplice de las atrocidades nazis por ser alemán y no haberlas impedido. Muchos años después, con mayor serenidad, Hannah Arendt nos mostrará que antes de adjudicar culpa o inocencia es necesario mostrar evidencia de que hubo la intención y se cometió una acción que merecen la culpa. Condición que no niega la existencia del mal. En el caso de Gurlitt, el único curso prudente es esperar a que la proveniencia de los cuadros se aclare para restituir las pinturas a sus legítimos dueños.

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