[GASTO Y AHORRO]

Objetivos energéticos, grandes beneficios económicos

El mundo gasta $544 mil millones en subsidios a los combustibles fósiles. Esto dilapida la capacidad de los presupuestos públicos de proporcionar salud y educación.
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Alimentos nutritivos, agua potable y asistencia sanitaria básica para todos pueden ser objetivos de alta prioridad obvios para la comunidad internacional, pero no debemos ignorar la energía. La energía confiable y asequible es tan vital para las economías en desarrollo y emergentes de hoy como lo fue antes de la Revolución Industrial.

La escalera energética es una manera de visualizar las etapas de desarrollo. Esto comienza con lo que llamamos los biocombustibles tradicionales –leña, estiércol y residuos agrícolas–. Casi tres mil millones de personas utilizan estos recursos para cocinar y calentar el ambiente interior, lo que es tan contaminante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que causa la muerte de una de cada 13 personas que mueren en el planeta.

El siguiente paso en la escalera energética son los “combustibles de transición”, como el queroseno, el carbón y gas licuado del petróleo, mientras que la parte superior de la escalera es la electricidad, que por suerte no genera contaminación dentro del hogar. Debido a que la electricidad a menudo es alimentada por combustibles fósiles, contribuye al problema del calentamiento global. Por lo tanto, una opción atractiva podría ser pasar a la energía limpia, como la eólica, la solar y la hidráulica. Algunos están sugiriendo que los países en desarrollo deberían pasar directamente a la energía limpia. Sin embargo, los países ricos ya están descubriendo que abandonar el carbón y el petróleo resultará difícil, y no hay respuestas fáciles para las economías en desarrollo.

Quemar leña y estiércol en chimeneas interiores abiertas es ineficiente y provoca una horrenda contaminación del aire. Más de cuatro millones de personas al año mueren a causa de enfermedades respiratorias provocadas por los humos procedentes de chimeneas en ambientes interiores. Solo en Panamá, la OMS estima que mueren 630 personas cada año. La mayoría de ellas son mujeres y niños de corta edad. Proporcionar instalaciones de cocina más limpias mejoraría la salud, la productividad, y permitiría a las mujeres dedicar tiempo a ganar dinero y a los niños ir a la escuela.

Los beneficios económicos de sacar a todos del estiércol y la madera son tan altos como los beneficios estimados en bienestar humano: más de $500 mil millones al año. Los costos serían muy inferiores, alrededor de $60 mil millones anuales, incluyendo subvenciones y subsidios para la compra de hornos. Cada dólar gastado compraría casi $9 de beneficios, lo cual es una muy buena manera de ayudar. Mientras que una cocción limpia es importante, la electricidad puede aportar diferentes beneficios. La iluminación significa que los estudiantes pueden estudiar de noche, las clínicas pueden refrigerar las vacunas, y el agua puede ser bombeada de los pozos. En Panamá, el 12% aún no tiene acceso a la electricidad.

El valor de obtener electricidad para todos es de aproximadamente 380 mil millones al año. El costo es más difícil de calcular. Para proporcionar electricidad a todos sería necesario el equivalente a 250 más centrales eléctricas, pero muchas zonas rurales podrían obtener mejor servicio a través de paneles solares y baterías. Esto no es una solución ideal, pero aún sería suficiente para lograr una enorme mejora en la vida de las personas. El costo total es probablemente de alrededor de $75 mil millones al año, lo que aún equivale a 5 dólares de beneficios por cada dólar gastado.

Si queremos hacer frente al calentamiento global, por otro lado, hay algunos objetivos que deberíamos agotar. Un objetivo importante sugiere duplicar la cuota mundial de energías renovables, sobre todo solar y eólica, pero esto resulta en un uso bastante ineficaz de los recursos. Los costos adicionales de hacer frente a la producción intermitente e impredecible de las energías renovables las hace caras, y el costo probablemente sea mayor que los beneficios.

Sin embargo, el mundo gasta 544 mil millones de dólares en subsidios a los combustibles fósiles, casi exclusivamente en países del Tercer Mundo. Esto dilapida la capacidad de los presupuestos públicos de proporcionar salud y educación, fomentando al mismo tiempo emisiones más altas de CO2. Por otra parte, los subsidios a la gasolina en su mayoría ayudan a los ricos, ya que son los únicos que pueden acceder a un automóvil propio. Eliminar los subsidios a los combustibles fósiles sería un objetivo fenomenal, ya que reduciría el CO2 a la vez que ahorraría dinero para otros y mejores usos públicos. Los economistas estiman que cada dólar de costos proporcionaría más de $15 en beneficios climáticos y públicos.

Con estos objetivos de tan alto rendimiento, la evidencia económica muestra que –si se eligen cuidadosamente– los objetivos energéticos sin duda deben ser parte de las promesas para los próximos 15 años.

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