[COYUNTURA]

Occidente quiere evitar errores en Libia

El problema no es cómo se ha desarrollado el conflicto en Libia, sino la planificación de la fase posterior a Muammar Gaddafi.

Si hay un obstáculo que los funcionarios occidentales parecen decididos a evitar en Libia, es el de cometer los mismos errores que se sufrieron en Irak hace ocho años. El problema no es cómo se ha desarrollado el conflicto de seis meses en Libia, ya que Francia, Gran Bretaña y otros países prestan apoyo a los rebeldes desde lejos operando bajo la supervisión de la OTAN y con un mandato de la ONU, sino la planificación de la fase posterior a Muammar Gaddafi. El líder, el hombre más poderoso de Libia por 42 años, sigue estando en el centro de la escena, mientras que su paradero y el de sus hijos sigue siendo un misterio. Sin embargo, el Consejo Nacional de Transición –ahora reconocido por más de 30 países, incluyendo Estados Unidos y los miembros de la UE– ha estado desarrollando junto a sus aliados una planificación detallada sobre la forma de administrar Libia cuando Gaddafi y sus aliados hayan partido.

En Irak, el enfoque adoptado por Washington tras el derrocamiento de Saddam Hussein fue desordenado. Días después de la caída de Bagdad, el teniente general Jay Garner dijo: “Yo voy a llevar el balón por el campo y veré qué pasa”. Las cosas no le salieron mucho mejor a Paul Bremer, quien sucedió a Garner en mayo de 2003. Su decisión de disolver el Ejército iraquí dejó a decenas de miles de hombres enojados con armas en las calles, lo que contribuyó en forma directa al aumento de la insurgencia. También desarrolló una vigorosa campaña de “des-baathificación” que alejó a gran parte de la población, desde los maestros a los empleados públicos, muchos de los cuales habían sido obligados a pertenecer al partido Baath de Saddam sin ser verdaderos partidarios.

Gran parte de la economía controlada por el Estado hizo implosión después de que Washington y sus aliados tomaron el control, con salarios gubernamentales impagos y contratos frenados. Washington tuvo que llegar con miles de millones de dólares en efectivo, transportados en aviones C-130, para financiar la administración de Irak y pagarle a los trabajadores.

La corrupción y la mala gestión financiera se extendieron con rapidez. Ahora, las palabras de Occidente hasta la fecha apuntan a un enfoque mucho más meditado hacia la Libia post-Gaddafi. En parte, Libia, con su población más pequeña y su estructura tribal, sectaria y étnica de menor complejidad, puede ser más fácil de manejar que Irak. Pero el cambio también se apunta a lecciones aprendidas.

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