[EN LA CORTA DISTANCIA]

Philip Roth, cerca del Nobel

Siempre me entusiasmó la escritura literaria de Philip Roth, que por mí hubiera sido premio Asturias y Premio Nobel de Literatura desde hace más o menos cinco años.

Ser miembro del jurado del premio Príncipe de Asturias de las Letras desde hace ya más de un decenio es un gran honor para un escritor como yo. Se debaten en secreto filias, fobias, lecturas, presunciones, muchos elementos que, conjugados, dan los finalistas sobre los que los miembros del jurado votamos definitivamente al ganador.

¿Cuáles son los méritos? Esencialmente, poseer una obra por encima de cualquier menuda discusión y, sobre todo, ser un escritor o una escritora con un gran discurso literario internacional. Desde Arthur Miller a Philip Roth, para mí al menos, ha sido así. Mantengo el criterio (es decir, la opinión bien formada e informada) de que Roth está a tiro de piedra del Nobel de Literatura, aunque este punto exacto y concreto no se discutió entre los secretos del jurado. Lo que se hizo fue evaluar los méritos de dos o tres candidatos finales y sacar, de entre ellos, el nombre del mejor, según la mayoría del jurado. Ni siquiera Miller ganó el Asturias en su momento por aclamación, porque hubo quien, hasta en la votación final, no optó por él.

Este año Philip Roth, al borde del Nobel, tuvo la gran mayoría de los votos del jurado, dejando atrás a Haruki Murakami, el novelista japonés del que muchos en su país, para seguir la costumbre, dicen que no es un novelista japonés sino un escritor neoyorquino que nació en Japón. Ahí la tienen ustedes, incluso en Oriente cuecen habas de este calibre.

Siempre me entusiasmó (con envidia nada sana) la escritura literaria de Philip Roth, que por mí hubiera sido premio Asturias y Premio Nobel de Literatura desde hace más o menos cinco años. Se me antoja que Roth es un cronista literario de nuestro mundo contemporáneo, enloquecido con cientos de radares cuyo ruido no nos deja percibir la vida. Tengo para mí que Roth entronca con aquellos visionarios de los años 30, en plena crisis, Fiztgerald, Hemingway, Dos Passos, Faulkner, Steinbeck y algunos otros de la misma envergadura. Si ustedes recuerdan bien de entre los novelistas que acabo de citar tres fueron Nobel de Literatura, y por ese camino y en la misma dimensión deduzco que los suecos no son tan despistados como para no notar que el mundo da vueltas sobre sí mismo y que finalmente el tiempo también se encuentra en su propio espejo, confundido entre el pasado, el presente y el futuro.

La mancha humana me pareció una novela impresionante, tanto como El animal moribundo. Me casé con una comunista es un sarcasmo de Roth hacia el espejo norteamericano y sus múltiples miedos. El propio Roth estuvo casado con una actriz muy importante, Claire Bloom, y en el momento del divorcio el novelista pidió en sede judicial que se le pasara una pensión por el tiempo que había dedicado a enseñar a su mujer a aprenderse los guiones cinematográficos que ella tendría después que representar. Parece una comedia americana, pero la anécdota es verdad.

Hace unos años que Roth está enfermo de cáncer de próstata, del que ha sido recientemente operado parece que con éxito, Yo me alegro, porque aunque Roth ya ha podido escribir todo lo que tenía dentro es posible que, todavía, nos conceda alguna que otra obra maestra, cuando ya no sueñe más que mañana lo van a llamar de Estocolmo para decirle que los académicos suecos le han concedido, por fin, el Nobel de Literatura.

Quienes lo conocen dicen que es un tipo cáustico, que quiere parecer antipático pero no lo es, y que solo concede entrevistas a los que sabe que han leído toda su obra y la conocen a la perfección. Estoy seguro de que a mí, de querer una entrevista con él, me la concedería, pero me gusta mantenerme ya en la edad de mi primera vejentud en la distancia de los textos, ser amigo de los grandes escritores y conocerlos a través de sus libros, porque leerlos es la mejor manera de honrarlos y admirarlos. Si me dijeran qué otros escritores, sustancialmente novelistas norteamericanos, pueden disputarle con los años y la obra a Roth el primer puesto de los novelistas norteamericanos, citaría a tres más: Don DeLillo, Corman McCarthy y Jonathan Franzen, todos ellos en la línea extraordinaria de los novelistas norteamericanos de los años 30 del siglo pasado.

Esa experiencia de ser miembro del jurado del premio Príncipe de Asturias de las Letras es sumamente gratificante, además de ser considerado un honor entre los escritores españoles e hispanoamericanos que alguna vez hemos sido nombrados jurados. Es una experiencia viva, decisoria, interesante y rigurosa, porque ahí se nota la lucidez intelectual y la solidez literaria de cada uno de quienes hablamos en el secreto del jurado y notamos el silencio de los que no tienen mucho o nada que decir. Este año muchos dijimos que Roth está cerca del Nobel. Y no creo que nos estemos equivocando en nada.

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