[EVOLUCIÓN]

Plantando cereales

Los pasos gigantescos que han convertido a la humanidad en lo que es hoy podrían contarse con los dedos de las manos.

La adopción de la marcha bípeda, el cambio de dieta hacia el carroñeo que permitió colonizar la sabana en África, la talla de piedras para convertirlas en herramientas y el control del fuego entrarían en esa nómina reducida. También lo harían tres logros que se encuentran relacionados entre sí: los cultivos agrícolas, la escritura y la vida urbana. Entre los restantes saltos adelante entran, sin duda, la revolución industrial y los sistemas democráticos de administración de los bienes públicos. Dejemos internet para el final.

Ninguno de esos episodios de cambio son fáciles de explicar. No obstante, caben pocas dudas acerca de que la revolución del neolítico, la que dio paso de manera casi simultánea a la agricultura, el alfabeto y la ciudad, tuvo en el Creciente Fértil –las tierras bañadas por los ríos Tigris y Éufrates–, su mejor cuna.

La arqueóloga Simone Reihl, investigadora del Institute for Archaeological Sciences de la University of Tübingen (Alemania), con sus colegas Mohsen Zeidi y Nicholas Conard, del Tübinge Senckenberg Center for Human Evolution and Palaeoecology, han publicado en la revista Science los resultados de su trabajo en las montañas Zagros, Irán, donde hay indicios procedentes del yacimiento de Chogha Golan, en las estribaciones orientales del Creciente Fértil, de una secuencia ininterrumpida de cultivo que abarca 2 mil 200 años.

El primer producto parece que fue la cebada silvestre, para añadirse luego las lentejas y guisantes en una secuencia que supone la transformación de las plantas originales hasta convertirlas en las domésticas.

Las gramíneas tienen un papel esencial en ese proceso por su importancia como alimento básico –el trigo y el maíz componen la dieta de la mayor parte de la humanidad a lo largo de su historia– y el equipo de Reihl ha logrado identificar las características de los cultivos presentes en Chogha Golan que indican los pasos sucesivos de plantaciones de un cereal, el farro (Triticum dicoccum), desde su variedad silvestre hasta la doméstica, comparando esas variedades con las que existen hoy.

El cultivo de los cereales y otras plantas permitió multiplicar la población asentada en un territorio; esos asentamientos llevaron a la vida urbana y esta, a su vez, a la aparición de sacerdotes, soldados y contables que tuvieron en la escritura el medio ideal para controlar el cobro de impuestos y llevar las cuentas de lo que, a la larga se convertiría en los imperios asiáticos.

De ahí a nuestra actualidad, el camino ha sido una carrera de relevos comparada con la pista de obstáculos en la que vivieron nuestros ancestros hasta finales del Paleolítico.

Los matices de esa idea general componen los millones de tratados y estudios que llevan más de un siglo, intentando explicar lo que a veces parece una pesadilla y otras, un milagro.

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