[ESTUDIO]

Predadores en horas bajas

El ´Homo sapiens´ es sabio a la hora de estudiar los problemas, ya sean medioambientales o de cualquier otro estilo, pero se muestra de lo más ignorante e incapaz a la hora de ponerles remedio.

El papel esencial de los predadores en la cadena trófica fue establecido ya en los primeros balbuceos de la ciencia de la ecología. El estudio acerca de la interrelación entre árboles, alces y lobos en la isla Royale (Canadá), comenzado en 1958 y en marcha todavía, puso de manifiesto la forma como un ecosistema puede llegar a ser muy sensible a los cambios entre sus distintos componentes, al destruirse el equilibrio.

Verdad es que la isla Royale es diminuta y, por tanto, muy sensible a las variaciones por mínimas que sean estas. Pero el principio que establece que un ecosistema, para perpetuarse, debe estar bien apacentado –es decir, en equilibrio entre sus distintos niveles tróficos– vale por doquier. La desaparición de los predadores amenaza a la mayor parte de las especies presentes en el ecosistema, si no a todas.

Las consecuencias de la acción humana en busca de trofeos de caza que ha exterminado a los grandes felinos –y, ya que estamos, herbívoros– de África Central pueden contemplarse a simple vista sin más que comprobar qué se encuentra fuera de las reservas. La más pura desolación, en términos ecológicos.

El estado de los predadores en los océanos es mucho más elusivo por razones obvias. Pero un estudio reciente aparecido en los Proceedings of the National Academy of Sciences proporciona indicios similares. Boris Worm y Derek P. Tittensor, del departamento de Biología de la Dalhousie University en Halifax (Canadá) han investigado en qué medida los grandes predadores oceánicos de gran movilidad han visto variar su número a lo largo de las cuatro décadas que van de 1960 a 2000. Su análisis se centra en el volumen de las capturas realizadas y en el tamaño observado de los peces en 13 especies de atún y pez espada.

El estudio obtiene unos resultados un tanto dispersos: 9 de ellas han perdido entre el 2% y el 46% del tamaño observado en ese lapso, afectando la mayor reducción a las tres especies de atún rojo y a varias de marlín. Por el contrario, el atún listado parece haber aumentado tanto su presencia como el rango de tamaños en el océano Pacífico.

Las conclusiones del trabajo de Worm y Tittensor confirman que las amenazas relativas a los grandes predadores terrestres siguen unas pautas que se mantienen en sus equivalentes oceánicos, aunque las dificultades para llevar a cabo cualquier análisis detallado de lo que les sucede a peces como los atunes, que cruzan enormes extensiones de agua hasta llegar a las zonas de pesca, son también inmensas. De forma un tanto obvia, los investigadores indican que el riesgo mayor para los predadores oceánicos procede de nuestra propia especie, con la pesca abusiva hasta el exterminio como peor amenaza. Tenemos, pues, otra contradicción a la vista. El llamado Homo sapiens es del todo sabio a la hora de estudiar los problemas, ya sean medioambientales o de cualquier otro estilo, pero se muestra de lo más ignorante e incapaz a la hora de ponerles remedio.

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