[ESCÁNDALOS]

Sexo, mentiras y espionaje

´Lo procedente sería reformar al IRS dándole los recursos necesarios, revisar la legislación con la que tiene que trabajar y ponerle fin a la exención de impuestos a grupos políticos´.

Haciendo a un lado los problemas reales que enfrenta el país: el desempleo, la reforma migratoria o el acuerdo sobre el presupuesto nacional, la semana pasada, la oposición republicana se regodeó circulando mentiras y medias verdades sobre los tres escándalos que sacudieron a la administración del presidente Barack Obama.

De los tres temas que han calentado el ambiente político del país, el que tiene más visos de legitimidad, aunque su argumentación ha estado salpicada de sesgadas insinuaciones políticas de los republicanos, es la revelación de que por razones políticas, la agencia recaudadora de impuestos (el IRS) intentó aplicar criterios políticos al hacer el escrutinio de organizaciones políticas conservadoras, de algún modo vinculadas al Tea Party, que solicitaban la exención de impuestos que se les concede a grupos que hacen trabajos de labor social.

Hasta ahora, sin embargo, todo indica que más que una conspiración política de la administración de Obama al estilo de las que ordenaba Richard Nixon para intimidar a sus enemigos, la oficina tributaria que cometió los errores que se le imputan lo hizo más por incompetencia que por ideología. Incompetencia que adjudican a la falta de suficiente personal capacitado para interpretar las ambiguas leyes que rigen el establecimiento de este tipo de grupos políticos.

En este sentido, lo procedente sería reformar al IRS dándole los recursos necesarios, revisar la legislación con la que tiene que trabajar y, sobre todo, ponerle fin a la exención de impuestos a grupos políticos.

Otro tema que salió a discusión y es preocupante sobre todo para los grupos más liberales y para los defensores de la libertad de prensa fue el descubrimiento de que el Departamento de Justicia utilizó órdenes judiciales para interceptar durante dos meses los teléfonos de algunos de los reporteros de la agencia Associated Press. El procurador de Justicia, Eric Holder, ha justificado las acciones de su dependencia argumentando que lo hicieron en un caso que afectaba la seguridad nacional. Francamente dudo mucho que los republicanos vayan a insistir sobre este tema y por ende pienso que el tema morirá en cuestión de días.

El tercer asunto es una descarada maniobra política del liderazgo republicano para atacar al Presidente, sobre todo para intentar dañar la reputación de la otrora secretaria de Estado Hillary Clinton a quien se le ve como la más fuerte competidora a la Presidencia de la nación en 2016.

A ocho meses del lamentable incidente en el que cuatro diplomáticos estadounidenses perdieron la vida en Bengasi, Libia, los republicanos quieren seguir discutiendo cuándo debió haberse dicho que era un ataque terrorista aparentemente para intentar determinar, a estas alturas, si se ocultó información para minimizar el efecto del atentado en la elección presidencial de noviembre.

Curiosamente, lo que están armando más bulla no quieren hablar de la disminución de fondos a los servicios de seguridad en las embajadas que el Congreso ordenó.

Desafortunadamente, la noticia de que el abuso sexual en las fuerzas armadas ha crecido un 35% desde 2010 cobijado por un sistema de justicia militar que protege a los victimarios con rango e ignora las denuncias de las víctimas generalmente en lo más bajo del escalafón, ni ha tenido tanta difusión como los otros tres ni ha causado indignación. A los Congresistas del sexo masculino les interesan poco las violaciones y las vejaciones sexuales a hombres y mujeres en las fuerzas armadas.

Muchos comentaristas se han apresurado a inscribir los escándalos de la semana pasada en el ritual de la maldición del segundo mandato presidencial comparándolo con los de Nixon, Reagan, Clinton y George W. Bush. Yo no creo que los casos sean comparables y espero que sus efectos no repercutan en dos proyectos fundamentales para la nación y para Obama: la reforma migratoria y la negociación sobre el presupuesto.

Por otro lado, por más esfuerzos que hago por tomarme en serio los escándalos de la semana pasada, cuando leo las declaraciones de los políticos en Washington no puedo dejar de pensar en un texto de Bertrand Russell en el que citaba al poeta Epiménides quien afirmaba que “Todos los cretenses eran mentirosos”, sabiendo que él mismo era de Creta.

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