[COMPETITIVIDAD]

Triste espejismo: el canal seco

Panamá tiene un canal ´mojado´ y dos ´secos´, puramente complementarios, contra los cuales resulta utópico que otro país del área pueda competir.

El Gobierno de Panamá convocó en 2006 a un referéndum para decidir la ampliación del Canal; la respuesta fue abrumadora: 77% a favor. Para el año 2014 la ampliación estará concluida, y cruzarán barcos pospanamax, con casi tres veces más de capacidad que los panamax, y también los capesize (graneles secos) y los suezmax (graneles líquidos). El aumento de la demanda del comercio internacional quedará cubierto por varias décadas más. Panamá también posee un tren interoceánico que transporta pasajeros y carga y que fue construido en 1855 para trasladar a los buscadores de oro que iban hacia California, pues atravesar Estados Unidos tomaba cerca de seis meses y era más peligroso, y la autopista Colón-Panamá, de cuatro carriles, por la cual se llega de un océano al otro en apenas 50 minutos. Panamá, en otras palabras, tiene un canal “mojado” y dos “secos” –puramente complementarios– contra los cuales resulta utópico competir.

La quimera de Honduras, El Salvador y Guatemala desde el siglo XIX ha sido de disponer de un “canal seco” alternativo. Nicaragua también tiene la suya: que capital venezolano, ruso, iraní o de otro país financie un canal a través del río San Juan, el Gran Lago de Nicaragua la provincia de Rivas. Tristes ilusiones. La creación de rutas alternativas fue válida hasta la construcción del Canal de Panamá; los ingenieros de Estados Unidos, sin embargo, analizaron todos los pasos posibles desde el istmo de Tehuantepec en México hasta el golfo de Urabá en Colombia, y al final se quedaron con dos opciones: Nicaragua versus Panamá. No ahondo en esta última historia, pues ha sido narrada en muchos libros.

Desde su inauguración en 1914 ya no se puede competir contra el Canal de Panamá, y mucho menos si se toma en cuenta la ampliación que concluirá en 2014. La inversión incurrida por Estados Unidos fue asombrosa; Nicolás A. Barletta, expresidente y uno de los economistas más destacados de Panamá, nos recuerda que mientras el PIB de Panamá era de 30 millones de dólares de ese entonces, Estados Unidos invirtió 38 millones de dólares anuales por 10 años y, además, le pagó 40 millones a los franceses por la fallida inversión de los años 1880. El Canal de Panamá fue la infraestructura más ambiciosa de la historia moderna, muy superior a la del Canal de Suez de los años 1860.

En los cinco años que fungí como economista jefe del BCIE tuve sumo cuidado de no hablar nunca de un “canal seco”, y por eso, en las estrategias de país, las cuales defendí con vehemencia ante el comité de estrategia y el directorio, jamás se incluyó esa expresión. En el caso de los países del triángulo norte solo hablamos de corredor logístico para que productores de Guatemala o El Salvador puedan exportar con agilidad sus productos hacia puertos del Caribe. Es muy absurdo pretender que un barco pospanamax arribe desde Asia, que descargue su mercadería en cientos de trailers, que estos recorran más de 300 kilómetros en una topografía sinuosa y que, después, oh milagro... otro barco de similar eslora, manga y calado se encuentre vacío en el Caribe, como si fuera... un taxi. Hace varios años escribí varios artículos comentando la irrealidad de ese desafío logístico. Y Nicaragua... bueno, el país primero tendría que construir un puerto y una buena carretera hacia el Caribe –algo que no ha logrado en casi dos siglos de independencia– antes de lanzar elucubraciones ingenieriles que hasta ahora ningún país del mundo ha querido financiar.

Mi sugerencia a los gobiernos sería que –tal y como también le hice saber a los integrantes del Comité de Crédito del BCIE y lo expresé de manera más escueta al inaugurar un evento conjunto BCIE-Brookings sobre infraestructura y energía el 1 de diciembre en Washington DC–, que si empresarios insisten en llevar a cabo la obra, que lo hagan ellos, que inviertan sus recursos, pero eso sí, que asuman plenamente sus consecuencias: que no vayan a clamar a los pocos años por fondos públicos. China será el único país que desarrollará un canal seco con Colombia, pero a lo sumo se limitará a un tren para exportar minerales desde la costa atlántica de Colombia hacia China y aún esa inversión tendrá un costo promedio por tonelada muy superior al del Canal de Panamá.

Hagamos inversiones, muchas inversiones, pero no inversiones descabelladas. La competencia real del Canal de Panamá es el transporte multimodal que se origina en la costa oeste de Estados Unidos y que por tren o trailers llegan a las ciudades del este (jamás para volver a cargar en el Atlántico), el Canal de Suez y podría llegarlo a ser un transporte multimodal desde México y Canadá, pero nunca un castillo de arena en Centroamérica, donde el dinero solo terminará escurriéndose.

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