[EL DÍA DE EUROPA]

La Unión Europea, en camino de la recuperación

Es probable que los desafíos a los que la Unión debe hoy dar respuesta tengan menos que ver con sus problemas internos, económicos o institucionales, y más con su papel en el mundo.

En los últimos meses van apareciendo indicios sólidos de que la Unión Europea (EU) podría estar saliendo de la crisis y avanzando en el camino de la recuperación. El conjunto de las economías de la Unión vuelve a crecer, de manera modesta y desigual, pero crece. En toda la Unión se reducen los déficits públicos, repunta la inversión y hasta la situación del empleo parece repuntar, muy tímidamente en algunos lugares, más decididamente en otros. Y Europa sigue teniendo, como tuvo incluso en los momentos más difíciles de la crisis, unos niveles de bienestar y cohesión social envidiables: más de la mitad de los 28 estados miembros de la UE figuraban y siguen figurando entre los 25 países que encabezan el Índice de Progreso Social.

Desde luego, todas estas señales deben tomarse con la debida cautela, porque las dudas aún son muchas: hay dudas sobre la salud de ciertas instituciones financieras, sobre el efecto que pueda tener en nuestras economías la desaceleración en algunos países emergentes, sobre los riesgos de una posible evolución negativa del nivel de precios o sobre la eventualidad de una futura reestructuración de la deuda en alguno de nuestros estados miembros.

Pero todo esto, para la UE, no supone otra cosa que la vuelta a la normalidad. Nunca fue el proceso de integración un camino de rosas ni un ejercicio carente de problemas, sino un esfuerzo permanente de búsqueda de soluciones a dificultades y retos que, apenas superados, eran inmediatamente sustituidos por otros nuevos e igualmente apremiantes. Esa ha sido nuestra historia en los últimos 60 años, lo sigue siendo y lo seguirá siendo.

Nos complace, de manera muy especial, constatar que en estos tiempos difíciles la solidaridad europea ha funcionado satisfactoriamente. Contra lo que vaticinaban agoreros de toda especie, estamos saliendo juntos de la crisis sin haber dejado a nadie en el camino ni abandonado a nadie a su suerte, y lo estamos haciendo, además, avanzando en la integración y no retrocediendo. Claro, no todos estamos de acuerdo en los métodos, ni a veces tampoco en los objetivos, inmediatos o últimos, pero la UE nunca ha hecho nada a base de unanimidad, sino conciliando las opiniones y los intereses más dispares.

En todo caso, es probable que los desafíos a los que la Unión debe hoy dar respuesta tengan menos que ver con sus problemas internos, económicos o institucionales, y más con su papel en el mundo. Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre en nuestra frontera oriental. Allí, en nuestro vecindario más cercano, ha surgido un foco de inestabilidad y violencia que compromete principios, valores y vidas humanas. Se ignoran acuerdos internacionales y principios básicos del derecho internacional, como la soberanía nacional o la intangibilidad de las fronteras, y se recurre irresponsablemente a la violencia, con su cuota inevitable de sangre, injusticia y destrucción. La Unión Europea, que nació precisamente para evitar que esta clase de cosas volvieran a ocurrir en el continente europeo, está decidida a colaborar en la búsqueda de una solución negociada con todas las herramientas de que dispone, que no son pocas. Y es también el caso de nuestro compromiso en el mundo con el desarrollo de los pueblos y la prosperidad de los seres humanos, sin los que ideas como la libertad, la justicia o los derechos humanos serían meras entelequias. Es un compromiso que está plenamente vigente, de manera muy particular en lo que se refiere a América Central.

Aquí estamos trabajando ahora en lo que consideramos que supondrá un cambio cualitativo en la relación entre las dos regiones: me refiero al Acuerdo de Asociación entre la UE y América Central, cuyo pilar comercial hemos empezado a implementar en el último año. Empieza a dar frutos, pero desplegará todo su potencial cuando entren en vigor los otros dos pilares, el que se refiere a la cooperación, y el relativo al diálogo político. Estamos seguros de que, si somos capaces de conjugar el incremento de los flujos comerciales con la creación de mejores condiciones para el desarrollo y con la construcción de un entramado de instituciones basadas en valores compartidos, más pronto que tarde lograremos crear ese círculo virtuoso de prosperidad y equidad al que todos aspiramos.

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