[ELECCIONES EN CHILE]

Victoria diferida

La heterogénea alianza centroizquierdista de Bachelet tendrá mayoría en ambas cámaras del Parlamento, pero no la suficiente para imponer las reformas importantes que ella pretende.

Cuando Michelle Bachelet regrese a La Moneda lo va a hacer en condiciones peores de lo que esperaba. No ha conseguido los votos necesarios para alzarse en primera vuelta con la Presidencia de Chile, como se vaticinaba, aunque su rotunda victoria sobre la candidata gubernamental, Evelyn Matthei (cuyo 25% es mucho mejor de lo esperado), le augura un cómodo triunfo en la segunda ronda electoral del 15 de diciembre.

La gran popularidad de la ex presidenta socialista tampoco se ha trasladado a la representación parlamentaria de su coalición. A falta de datos finales, su heterogénea alianza centroizquierdista –en la que figura el Partido Comunista, pero también los democristianos– tendrá mayoría en ambas cámaras del Parlamento, pero no la suficiente para imponer las reformas importantes que Bachelet pretende.

La derecha chilena, pese a los buenos resultados económicos de la presidencia de Sebastián Piñera (crecimiento sostenido, bajo desempleo, aumento del poder adquisitivo e inflación contenida) no ha sido capaz de consolidar una sociedad más igualitaria. La desazón popular ha llegado a las calles con demasiada frecuencia e intensidad en los últimos tiempos, abanderada básicamente por los estudiantes. Y se ha trasladado a una campaña electoral dominada por las promesas de grandes reformas políticas y sociales. Bachelet ha hecho de ellas el motto de un giro a la izquierda apoyado en tres pilares: avanzar hacia la educación universal gratuita; una reforma fiscal con subida de impuestos, sobre todo a las empresas, para pagarla; y el impulso de una nueva Constitución para sustituir a la pinochetista de 1980, que, pese a sus numerosos cambios, arrastra el estigma de su origen.

Este ambicioso programa, jibarizado por los resultados electorales del domingo, dependerá ahora del consenso que la futura presidenta sea capaz de alcanzar con otras fuerzas políticas cuando ocupe formalmente el cargo, en marzo. La estructura institucional chilena exige mayorías parlamentarias progresivamente cualificadas para las reformas importantes, y esas mayorías resultarán presumiblemente más esquivas en el contexto de una economía que comienza a enfriarse.

En el pasado, Michelle Bachelet ha dado muestras de una saludable ausencia de dogmatismo. Chile saldrá beneficiado si mantiene su declarada preferencia por el acuerdo frente a la confrontación.

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