[NUEVO DELITO]

Violencia contra las mujeres en las redes sociales

La violencia contra las mujeres se extiende por el mundo sin que las autoridades hagan lo suficiente para prevenirla, defender a las víctimas y castigar a los infractores con todo el rigor de la ley.

Rehtaeh Parsons, una joven canadiense de 17 años de edad, se ahorcó la semana pasada. En noviembre de 2011 fue violada por cuatro jóvenes durante una fiesta y al día siguiente, la fotografía que atestiguaba el crimen empezó a circular en los medios sociales. Parsons y su madre denunciaron el crimen a la Policía, pero de nada les valió. Las autoridades no encontraron la evidencia necesaria para llevar a los presuntos criminales a juicio. Hasta ahora, no ha habido arrestos, aunque el Ministerio de Justicia ha prometido una nueva investigación del caso y una fuente anónima dice tener la confesión de uno de los violadores.

Audrey Pott, de Saratoga, California, apenas tenía 15 años cuando fue asaltada sexualmente por tres jóvenes. Ella tampoco supo qué fue lo que sucedió porque había bebido más de la cuenta y se había quedado dormida durante la fiesta. Supo lo que le pasó, porque una foto de la violación salió en los medios sociales. Sus padres no se enteraron de nada sino hasta una semana después, cuando ella se suicidó. Este mes, los tres presuntos violadores fueron arrestados y acusados de violación y de un posible nuevo delito, cyberbullying, una especie de intimidación por medios electrónicos.

El mes pasado, en Steubenville, Ohio, dos jóvenes estrellas del equipo de fútbol de la secundaria local fueron encontrados culpables de violar a una joven de 16 años de edad el verano pasado. En este caso, los violadores circularon por las redes sociales todos los detalles de la violación con fotografías, videos, comentarios y hasta correos electrónicos mientras cometían sus crímenes. El calvario de la joven duró más de seis horas en distintos lugares y no se sabe si estaba inconsciente porque bebió demasiado o si fue drogada para violarla.

La repugnante violencia contra las mujeres no es un fenómeno nuevo, pero lo que distingue a estos tres casos es que los actos criminales fueron divulgados por los victimarios a través de las redes sociales y es esta peculiaridad la que ha generado una especie de debate en el que la pregunta central es hasta qué punto las redes sociales inciden en la conducta de los jóvenes. Dicho en otras palabras, ¿cometen actos de este tipo para poder presumirlos como trofeos en las redes sociales, sobre todo porque los muestran atrevidos y arriesgados? ¿O será que la existencia de las redes sociales les permite documentar su vida, incluso cuando cometen actos criminales? Crímenes que, por otra parte, no muchos saben que están cometiendo. Varios de los testigos en este caso declararon que a pesar de que la joven agredida no daba señales de estar consciente, los testigos no sabían que se trataba de una violación, tampoco sabían que al atestiguarla y no detenerla o reportarla a las autoridades encubrían un acto criminal.

Yo no lo creo y desafortunadamente tampoco creo que quienes cometen el crimen, quienes lo atestiguan y quienes lo difunden en las redes sociales sepan que están cometiendo un crimen. Yo creo que el problema de fondo es la persistencia de la violencia de género. La violencia doméstica o sexual afecta a entre 30% y 60% de las mujeres en todo el mundo y es más probable que las mujeres de entre 15 y 44 años de edad mueran o sean víctimas de la violencia machista a que sucumban por el cáncer, la malaria o los accidentes de tráfico combinados.

Peor aún, en muchos países, los prejuicios machistas son los que posibilitan las agresiones a las mujeres. En la India, donde acaba de morir una joven de 23 años salvajemente violada por seis rufianes, el 68% de los jueces opina que un “vestido provocativo” es “una invitación a la violación”.

En Canadá y Estados Unidos, el problema es también la misoginia, no las redes sociales. La violencia contra las mujeres es un asunto de salud pública que atenta contra los derechos humanos y quienes la cometan deben ser castigados con todo el rigor de la ley. Es también un problema social que evidencia una insuficiente educación sexual y una asombrosa ignorancia de las leyes que rigen las relaciones sexuales.

Antes de satanizar a las redes sociales habría que considerar que en el caso de Ohio fue la arrogante indiscreción de los violadores la que permitió que se les encontrara culpables, porque fueron ellos quienes colocaron la evidencia en las redes sociales.

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