[EL VOTO LATINO EN ESTADOS UNIDOS]

Se acabó el amor

Parece ser que los candidatos republicanos quieren llegar a la Presidencia sin el apoyo de los latinos. Pero eso, temo decirles, es imposible.

Hace cuatro años los candidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos se morían por los votantes latinos. Les hacían promesas, los enamoraban y hasta trataban de pronunciar una o dos palabritas en español. Pero ya no es así. Hoy, los candidatos –Newt Gingrich, Ron Paul, Rick Perry, Mitt Romney y Rick Santorum– ni siquiera lo están intentando. Se acabó el amor.

Parece ser que los candidatos republicanos quieren llegar a la Presidencia sin el apoyo de los latinos. Pero eso, temo decirles, es imposible. La nueva regla de la política estadounidense es que nadie puede llegar a la Casa Blanca sin el voto latino. Punto.

Ninguno está a favor de una reforma migratoria que legalizaría a la mayoría de los 11 millones de indocumentados. Es más: ni siquiera se atreven a decir exactamente qué harían con ellos. Tampoco favorecen, con notables excepciones, el Dream Act, que legalizaría a los estudiantes indocumentados que terminen dos años de universidad o que se metan a las Fuerzas Armadas.

No es que la cuestión migratoria sea la más importante para los votantes hispanos. No lo es. La economía, la educación y la salud son asuntos más vitales, según varias encuestas. Pero la migración sí es un tema simbólico y emocional.

La migración, para nosotros los latinos, no es una cuestión abstracta. Todos conocemos, vivimos e interactuamos diariamente con indocumentados. Son nuestros amigos, nuestros vecinos y compañeros de trabajo; son tíos y parejas, van a clase con nuestros niños en la escuela. Los queremos y nos quieren. Así que atacarlos a ellos es igual que atacarnos a nosotros.

Y eso es precisamente lo que han estado haciendo los candidatos republicanos: atacar a los indocumentados. Eso es sinónimo de atacar (y no comprender) a la comunidad latina en general. Qué curioso: lo que le permitirá a un republicano ganar la nominación de su partido le costará la elección general. Es una simple cuestión de números. Se calcula que al menos 12 millones de votantes hispanos irán a las urnas el martes 6 de noviembre. (Esto será un aumento de los 9.7 millones de latinos que votaron en 2008 y los 7.6 millones en 2004).

Como ocurrió en 2008, es muy probable que el presidente, Barack Obama, capte la mayoría de los votos hispanos el próximo noviembre; 67% votó por él hace cuatro años. La historia, sin embargo, nos dice que cualquier candidato presidencial republicano que capte 33% o más del voto hispano puede ganar una elección: Ronald Reagan ganó en 1984 con 37%; George H. W. Bush ganó en 1988 con 36%, y George W. Bush triunfó con 34% en 2000 y 44% en 2004.

Por otra parte, John McCain obtuvo 29% del voto hispano en 2008 y perdió la elección. Según el Pew Hispanic Center, 23% de los votantes hispanos elegirían a Romney, quien va adelante en las encuestas y en delegados.

Romney se echó encima a los latinos cuando dijo que, si ganara la Presidencia, vetaría el Dream Act. Y rápidamente fue puesto en la lista de los que atacan a los latinos. Romney, estrictamente, es méxico-americano; su padre nació en México y vino a Estados Unidos a los 5 años. Con esta interpretación, Romney podría ser el primer presidente hispano. Pero lo sorprendente es que Romney no ha demostrado ningún interés por utilizar a su favor sus raíces mexicanas ni por ganar el voto hispano. Una aclaración. Los latinos también están muy molestos con el presidente Obama. Primero, porque no cumplió su promesa de presentar una propuesta migratoria durante su primer año de gobierno. Y segundo, porque ha deportado a más de un millón de indocumentados.

Sin embargo, Obama ha hecho su esfuerzo por ganar el voto hispano. Está abiertamente a favor de una reforma migratoria y del Dream Act, y recientemente hizo un cambio en la ley que hará más fácil y rápido que ciudadanos estadounidenese soliciten a hijos o padres indocumentados sin que esperen fuera del país tres años o más.

Los republicanos se la pusieron fácil a los demócratas. El votante hispano tiene que escoger entre el que dice que los apoya, aunque no haya cumplido (Obama) frente al que los ataca (cualquiera de los candidatos republicanos). Y están prefiriendo al presidente, de acuerdo con todos los sondeos.

Los republicanos están desperdiciando una oportunidad histórica para ganar el voto hispano. Bastaba suavizar un poco su postura migratoria –como ofrecer residencia sin ciudadanía– y enfatizar que comparten con los latinos ciertos valores, como su rechazo al aborto, la importancia de la familia tradicional y su sospecha de los gobierno grandes.

Pero no lo están haciendo.

A los republicanos se les acabó el amor por los latinos. Y si no se vuelven a enamorar pronto, perderán la próxima elección presidencial.

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