[TERRORISMO]

¿Quién armó el Estado Islámico?

El llamado Estado Islámico cuenta con jóvenes musulmanes, conversos europeos, estadounidenses, rusos y chinos. Una mezcla explosiva a la que se suman los pertrechos del grupo terrorista.

Hace apenas unos días, un alto cargo de la Administración pública española sugirió que no había que utilizar la denominación de Estado Islámico (EI) para designar al grupúsculo que aterroriza a las poblaciones del Mashrek. Al parecer, ello implica sobreestimar a la banda terrorista. Con ello, el problema de la amenaza radical quedaría resuelto. ¡Qué fácil y brillante solución!

A finales de 2001, cuando la intervención aliada en Afganistán parecía haber acabado con Al Qaeda, el entonces cabecilla de la agrupación radical, Osama bin Laden, lanzó la advertencia: “volveremos dentro de una década”. Para los analistas, se trataba de un plazo razonable para recomponer la estructura de la organización, ampliar las redes existentes a los países del Magreb y resucitar las células durmientes de Occidente. Los titubeos de los Gobiernos occidentales facilitaron la tarea de los sucesores del emir saudí.

En efecto, dos países que no contaban con movimientos radicales islámicos en su territorio, Irak y Siria, se vieron involucrados en la nueva etapa del conflicto entre Oriente y Occidente. La violenta persecución de supuestos radicales islámicos en Irak durante la ocupación militar estadounidense generó un movimiento de rechazo entre las tribus propensas a defender las prerrogativas de la época de Saddam Hussein. En Siria, país laico sometido a la férrea dictadura del clan Al Assad, la guerra civil fomentada por potencias extrarregionales, trajo consigo a yihadistas de distintas corrientes islámicas, dispuestos a conquistar las tierras del califato de Damasco para convertirlas en el embrión de un emblemático califato mundial. Aunque los combatientes del Islam contaran con apoyo económico y estratégico saudí, catarí y... estadounidense, a la hora de la verdad nadie asumía la paternidad de esos movimientos fanáticos.

Las cosas empezaron a torcerse cuando uno de los grupos radicales, el llamado Estado Islámico de Irak y Levante, logró adueñarse de los yacimientos petrolíferos de Siria. Curiosamente, los politólogos estadounidenses no centraron su interés en las repercusiones económicas de esa conquista, limitándose a analizar los aspectos meramente estratégicos de la ofensiva llevada a cabo por EI. Sin embargo, el Estado Islámico empezó a comercializar –con la ayuda de intermediarios saudíes y turcos y a precios muy competitivos– el oro negro sirio. Lo mismo sucedió unos meses más tarde, cuando los yihadistas llegaron a controlar las instalaciones petrolíferas del Kurdistán iraquí. Pero en este caso concreto, sus éxitos militares afectaban los intereses directos de las grandes compañías estadounidenses. La Casa Blanca decidió tomar cartas en el asunto; el presidente Obama ordenó el regreso de los militares a Irak. Esta vez, utilizando la cobertura de expertos en materia de defensa: el Presidente había ordenado la retirada de las tropas del suelo iraquí...

Cabe suponer que para contrarrestar la ofensiva del EI, el actual inquilino de la Casa Blanca se verá obligado a revisar su política. William Kristol, afamado comentarista estadounidense, estima que el Estado Mayor del Ejército de EU tratará de imponer, en un plazo de seis a ocho meses, la presencia militar americana en la zona. Lejos quedan los sueños pacifistas de Obama.

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