[ECONOMÍA]

Por un aumento al salario mínimo

Si aspiramos a vivir en una sociedad igualitaria, un aumento al salario mínimo no arruinará a nadie, pero puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los trabajadores condenados a la pobreza.
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La propuesta del alcalde de la ciudad de Los Ángeles, Eric Garcetti, de aumentar el salario mínimo a todos los trabajadores en la ciudad de forma gradual es apenas justa, y necesaria. Predeciblemente, la Cámara de Comercio de la ciudad y otros círculos empresariales no solo se oponen a ella sino que la consideran una muestra más de la hostilidad del gobierno de la ciudad contra empresarios y dueños de negocios. Para los sindicatos la propuesta de Garcetti es solo un paso adelante en la lucha para elevar los ingresos de buena parte de los trabajadores de la ciudad. Se calcula que un 37% de la fuerza laboral que hoy en promedio gana $9.55 por hora, ganaría $10.25 en 2015, $11.75 en 2016 y $13.25 en 2017.

Los Ángeles no es la única ciudad en California donde se incrementaría el salario mínimo. En noviembre, los votantes de San Francisco decidirán si se pasa del $10.74 por hora actual a $15 en 2018; en Oakland hablan de fijarlo en $12.25 para 2015. En Nueva York, tanto el gobernador Andrew Cuomo como el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, también están considerando aumentos al salario mínimo.

Algo semejante está sucediendo en varios países de América Latina. En la ciudad de México, por ejemplo, se debate la viabilidad de un aumento al salario mínimo que hoy es uno de los más bajos del mundo. De todos los países latinoamericanos, ha escrito Alejandro Rebossio en el periódico El País, Panamá, Costa Rica y Uruguay lideran en la región tanto en salario mínimo como en trabajo dentro de la economía formal. Y el aumento del salario mínimo en la mayoría de países de la región en este siglo ha contribuido a la reducción de la pobreza y de la desigualdad de ingresos.

En Estados Unidos, ninguno de los estudios acerca del impacto que tienen los aumentos del salario mínimo en la economía es determinante. Quienes se oponen a él argumentan que cualquier aumento debe corresponder a un aumento de la productividad, que perjudica a las empresas pequeñas, que el empresario traslada el aumento al precio de los productos, que lleva al empresario a correr trabajadores y que fomenta la economía informal. Quienes están a favor argumentan que es falso que haya riesgo en términos de empleo, que tampoco es cierto que sea inflacionario, que el salario mínimo no depende únicamente de la productividad, que incrementar el salario en realidad atraería a la formalidad a muchos trabajadores que hoy están en la informalidad.

Yo estoy a favor del aumento porque como ya señalé al principio del artículo es justo y necesario. En una ciudad como Los Ángeles una familia de cuatro miembros en la que los padres devengan el salario mínimo no gana suficiente dinero para llevar una existencia digna. Los llamados working poor, es decir, la gente que por más que trabaja no logra elevar su nivel de vida, no tiene más salida que el aumento al mínimo. No es inusual que muchos de ellos se ocupen en un segundo trabajo para mantenerse. Por lo general carecen de seguro de salud y si se enferman y dejan de trabajar dejan de ganar su sueldo y podrían perder su trabajo.

Por otro lado, hay estudios económicos que muestran que los trabajadores producen una buena parte de la riqueza de la ciudad. Durante los últimos 14 años, el valor que el trabajador promedio de Los Ángeles crea en la economía ha aumentado y lo mismo la ganancia o profit generada por trabajador mientras que el salario promedio ha disminuido. Lo que esto significa es que a los trabajadores se les paga menos por producir más riqueza a sus patrones.

Mi tercer y último argumento es que en una sociedad en la que la desigualdad aumenta a niveles escandalosos y en la que la movilidad social ascendente es cada día más difícil de lograr, a todos, ricos, clase media y pobres nos conviene hacer algo para aliviar las carencias de los más necesitados. Bien vale la pena pagar unos centavos más por una hamburguesa para que una familia aumente un poco sus ingresos. En este país hubo un momento en el que los trabajadores recibían un salario decente que les permitía vivir con modesta dignidad, no hay razón alguna por la cual no podemos aspirar a vivir en una sociedad más igualitaria y con mejor distribución de la riqueza. Un ligero aumento al salario mínimo no va arruinar la vida de nadie.

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