[INDIA]

Las dos caras de Modi

El siglo XXI está saliendo más identitario y nacionalista de lo que previeron algunos ingenuos profetas intelectuales de la globalización. Las mayores pruebas las encontramos entre los países emergentes, en los que el crecimiento económico y el surgimiento de unas nuevas clases medias vienen normalmente acompañados de un afán de mayor protagonismo en la escena internacional y una actitud desacomplejada en las disputas y rivalidades vecinales. Asia entera es la región del planeta donde más claramente se expresan estas tensiones nacionalistas del siglo XXI, como demuestran los crecientes conflictos por aguas territoriales entre China y sus vecinos, y una cierta escalada armamentística a la que todos contribuyen.

También la mayor democracia del mundo, que es India, se ha situado definitivamente en esta dirección con la rotunda victoria electoral que acaba de obtener Narendra Modi al frente del Bharatiya Janata Party, el partido nacionalista hindú. Quien será el nuevo primer ministro ha dado ya mucho de qué hablar antes de ganar tan rotundamente las elecciones por mayoría absoluta, por dos motivos vinculados a su gestión como primer ministro del estado federado de Gujarat (60 millones de habitantes).

Modi ha sido una especie de Jordi Pujol indio, nacionalista pero amigo de los negocios (business friendly), con la diferencia notable de que ahora ha utilizado su éxito regional para alcanzar el poder en Nueva Delhi e intentar el éxito económico en el conjunto de India. Gujarat es una de las locomotoras del desarrollo industrial y agrario, con un crecimiento por encima del 10% en los últimos cinco años.

Junto a la cara radiante, que corresponde al éxito económico y a la esperanza que suscita de convertir India en una superpotencia económica –que persiga a China en la carrera por la supremacía–, hay otra cara inquietante, como es la sombra de los disturbios entre hindúes y musulmanes que ensangrentaron Gujarat en 2002, provocaron más de mil muertos, 150 mil desplazados, y la destrucción de mezquitas y edificios. Modi fue procesado y posteriormente absuelto por la supuesta complicidad con una violencia que ha recibido los calificativos de pogromo antimusulmán, genocidio, terrorismo de Estado o limpieza étnica. El temor a que el modelo no sea solo económico, sino también de nacionalismo étnico y religioso, preocupa a la numerosa minoría musulmana (176 millones).

Con Modi, India se hace conservadora, liberal y nacionalista, en contraste con la India socialdemócrata, laica y dinástica de los Gandhi. Todo un motivo de reflexión tratándose de un país que, según Global Firepower, portal digital que evalúa la fuerza militar de los países, cuenta nada menos que con la cuarta capacidad del mundo, detrás de Estados Unidos, Rusia y China.

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