[EXTRACTO]

Un complejo juego diplomático

El destino de Edward Snowden se ha convertido en un juego diplomático en el que se cruzan intereses estratégicos de varios países, sobre todo de las dos grandes potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia. La posibilidad creciente de que el exanalista de la NSA acabe en Venezuela, un aliado de Moscú y uno de los más ostentosos rivales de Washington, ha hecho ese juego más evidente y delicado.

Después de un arranque de apariencia inocente y romántica, el caso Snowden ha ido evolucionando hacia un complejo problema político ante el que cada Gobierno se está viendo obligado a tomar partido, lo quiera o no. El episodio del avión de Evo Morales, al que cuatro naciones europeas impidieron aterrizar ante la mera sospecha, probablemente trasladada por funcionarios norteamericanos, de que podría transportar al joven espía, demostró que, pese a las declaraciones para la galería, los aliados europeos sabían dónde situarse cuando la situación exigía una clara demostración de lealtad.

Esa reacción fue un ejemplo de hasta qué punto el caso Snowden refleja el mundo tal y como es, sin la retórica que se usa en las conferencias internacionales. Y una de las manifestaciones de esa realidad es la tensión entre Estados Unidos (EU) y Rusia.

El presidente ruso, Vladimir Putin, puso tales condiciones para conceder el asilo a Snowden –unas hechas públicas, otras, quizá no– que este tuvo que renunciar a esa opción. Se abrió entonces una serie de posibilidades que, poco a poco, se iban cerrando, por la presión de EU, por dificultades técnicas y, sobre todo, por la escasa voluntad de la mayoría de los países de meterse en problemas con Washington. Al mismo tiempo, experto en los entresijos de la inteligencia como es, Putin sabía que, mientras estuviera bajo su jurisdicción, en el aeropuerto de Moscú, Snowden representaba una baza con la que ganar notoriedad e influencia.

La entrada en escena de Venezuela le da esa oportunidad. Rusia ha ido profundizando sus relaciones con Venezuela de forma constante desde la llegada al poder de Hugo Chávez. Bajo la conducción personal de Igor Sechin, un antiguo y estrecho aliado de Putin, experto en América Latina y actual presidente de la empresa estatal de petróleo, Rosneft, ha desarrollado numerosos proyectos de cooperación en Caracas, desde el ámbito militar al energético. Durante muchos años, Sechin ha sido un frecuente visitante de Venezuela; la última vez, en mayo pasado.

El sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, lastrado desde el principio por las dudas sobre su legitimidad, tiene aún hoy serios problemas para estabilizarse en el poder frente a las divisiones internas del régimen y la mala situación económica. Entre las opciones que el Gobierno venezolano ha explorado para superar esa situación está un acercamiento a Washington, lanzado en meses recientes con buena receptividad por el ministro de Relaciones Exteriores, Elías Jaua. Esa aproximación, que seguramente no despierta muchas simpatías en Moscú, donde Maduro estuvo hace 10 días, se vería completamente arruinada si Snowden desembarca en Caracas. Como le ha hecho ya saber EU, la concesión de asilo provocaría una respuesta norteamericana.

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