[CRISIS]

La culpa de todo

Según la última encuesta realizada por el español Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) las tres instituciones en las que menos confianza tienen los españoles son el Parlamento, el gobierno y los partidos políticos.

No es dable esperar expresiones de fe y optimismo de los ciudadanos de un país en el que el desempleo es del 20.89% (uno de cada cinco españoles está sin trabajo). Difícil que un gobierno cuente con la confianza de 5 millones de parados, a los que se suman casi 4 millones de trabajadores con empleos precarios (25% de los asalariados), y en un país donde cerca de la mitad de los jóvenes menores de 25 años (el 46%) no consigue empleo.

Es explicable que la ciudadanía haga responsable de sus desventuras al gobierno –“piove, governo ladro”–, y que, en definitiva, identifiqué como “villanos de la obra” a los políticos. Los partidos políticos en una escala de 0 a 10 (mucha confianza), solo alcanzan un 2.76.

Hay una vieja canción que dice “la culpa de todo la tienes tú”, que podría encajar bastante bien en ese sentimiento de la mayoría de los españoles. Está dentro de la naturaleza –¿o debilidad?– humana eso de trasladarle “al sistema” la causa de los problemas de cada uno; eso de echarle la culpa al otro.

Los españoles deberían tener presente que ese gobierno, ese Parlamento y esos partidos políticos, en los que hoy no confían, no hace mucho eran los responsables –en todos sus alcances– de la euforia española y de que disfrutaran de un régimen laboral y de seguridad (horario, vacaciones, seguro de paro, asistencia médica, indemnización por despidos, derecho a retiro), casi sin parangón en el mundo y en general superior al que gozaban otros trabajadores y ciudadanos de la “zona”.

Y eso se debía y era obra del gobierno y de los políticos. Pero era demasiado bueno para que durara mucho tiempo. Hay que verlo y admitirlo. No basta con indignarse. Si no lo ven, la salida es imposible.

Otros sí lo ven y no quieren cargar con esas cuentas. Es lo que pasa con los alemanes, los finlandeses, los holandeses.

Cuando al principio de la crisis griega la canciller alemana, Angela Merkel, advirtió “que tendrían que vender las islas”, no solo interpretaba los datos de la realidad sino que se hacía cargo del sentir de su gente.

Es que no siempre la culpa la tiene el otro. A veces hay que vender las islas.

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