[SALIDA DE LA CRISIS]

En defensa del proyecto europeo

Más Europa quiere decir eso mismo: una sola Europa, con un solo gobierno. Cualquier otra fórmula está condenada de antemano al fracaso.

La cumbre última de rescate de Grecia que, según la canciller Angela Merkel, no iba a servir de nada, ha servido de mucho a la postre. En particular si se dirige la mirada no hacia las histerias cotidianas de los mercados financieros sino allá donde debería estar situada cuando de lo que se está hablando es del futuro de Europa.

La Unión Europea ha sido hasta ahora un compendio de esperanzas y objetivos honorables a los que puesto en vía muerta la incapacidad de los líderes políticos actuales para llevarlas a cabo. Cuando la fórmula de “más Europa” se daba por el único bálsamo capaz de llevar al Viejo Continente hasta esa amalgama buscada desde los tiempos de Carlomagno, las miserias del nacionalismo ramplón y de los intereses particulares condujeron en el sentido exactamente contrario. Ha tenido que ser la crisis económica feroz y, en especial, la amenaza contra el euro las que hayan conducido, por fin, a lo que era inevitable: que la alianza francoalemana tome las riendas. Que, bajo la coartada de la necesidad de un auténtico gobierno económico, se ponga sobre la mesa de manera decidida el proyecto de la nunca asumida federación.

El euro es una moneda en verdad peculiar. Ha logrado situarse al frente del escenario financiero, superando en valor al dólar –por más que haya que reconocer que Estados Unidos ha permitido y hasta propiciado un dólar débil como fórmula mejor para potenciar su exportaciones–, sin estar sustentada por una política fiscal común. El disparate de una moneda única y un Tesoro disperso ha llevado hasta donde estamos. En buena medida los problemas de Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia se deben a ese desequilibro absurdo que, en el seno de un Estado, se antojaría inviable pero ha permanecido hasta ahora lozano dentro de Europa. Cuando por fin ha quedado claro que la salida de la crisis resulta imposible sin un control severo de los excesos de los Gobiernos que forman la Unión, aparece el resultado más trascendente de la cumbre última. Por fin se habla de un proyecto digno de tal nombre, con el tándem que forman Francia y Alemania como vigilantes.

Si será capaz de dar un paso adelante para convertirse en un gobierno económico de verdad es algo que veremos cuando, tras el paréntesis de agosto, se aprueben las nuevas leyes de gobernanza encaminadas a lograr que el Pacto de Estabilidad sea algo más que un papel mojado.

A pocos de los ciudadanos europeos interesados en la integración se les escapa que el gobierno económico europeo que parece estar surgiendo gracias al acuerdo entre franceses y alemanes tiene que convertirse en un gobierno político para que tenga visos de continuidad. Será ese el momento crucial para la Unión Europea, el instante de la refundación o, si se quiere, del nacimiento práctico tantas veces postergado en favor de acuerdos vacíos y documentos rimbombantes. Más Europa quiere decir eso mismo: una sola Europa, con un solo gobierno. Cualquier otra fórmula está condenada de antemano al fracaso.

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