[CHILE Y BOLIVIA]

El derecho debe prevalecer

Sabia la decisión de la presidenta Michelle Bachelet de objetar ahora, y no después, la competencia de La Haya para procesar la demanda de Bolivia, que no solo ignora la vigencia del tratado de límites que la vincula con Chile desde 1904, sino que incurre en la negligencia de sustentarse en un acuerdo –el Pacto de Bogotá– que en su Art. VI excluye taxativamente los asuntos resueltos “por arreglo de las partes (...) o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia en la fecha de la celebración del presente Pacto” (1948).

Mal ha hecho La Paz en sustentar su derecho a demandar a Santiago en un tratado interamericano que lo obliga en todas sus cláusulas a partir del momento (10/4/2013) en que retiró formalmente la reserva que había formulado, precisamente, al referido Art. VI. Es una contradicción insalvable que los magistrados de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), no podrían pasar por alto, aun en el supuesto de que, piadosamente, se inclinaran por favorecer al demandante.

Pero no es solo eso. Al tocar el más problemático de los 13 puntos convenidos para la conversaciones con el primer gobierno de Bachelet, el texto de la demanda consigna que “... el diálogo bilateral debería dar lugar a soluciones factibles, apropiadas y concretas en el punto VI de la agenda bilateral referido al asunto marítimo” (acuerdo de la Reunión del Mecanismo de Consulta Política boliviano-chileno, 14/7/2010). La precisión de la cita boliviana debería bastar a la Corte para comprobar que el demandante es consciente de que la vigencia del tratado de 1904 es el motivo por el cual las soluciones al “asunto marítimo” tienen que ser “factibles” y “apropiadas” –entendiéndose, naturalmente, que la salida soberana que la misma demanda reclama no podría ser considerada factible ni apropiada.

La jurisdicción internacional obligatoria siempre ha enfrentado la resistencia de los Estados a ceder soberanía, acatando sentencias de tribunales como el de La Haya. De ahí que la competencia de estos sea una excepción y no una regla. Nadie es –o debería ser– más consciente de ello que los magistrados de la CIJ. Ellos son elegidos por la Asamblea General de la ONU, no solo por su idoneidad profesional sino con un criterio de distribución geográfica (indisociable de la política y la “mayoría automática” del Tercer Mundo, coaligado en el Grupo de los 77, que Evo Morales acaba de reunir en Santa Cruz). Los jueces son los responsables de ajustar sus decisiones a estricto derecho, salvo que, de común acuerdo, las partes en una controversia les pidan expresa y formalmente decisiones de equidad.

Cualquier “liberalidad” que desborde el rigor jurídico que se espera de la CIJ menoscaba el prestigio que necesita. Decisiones de retirarle confianza, como la de Colombia con su denuncia del Pacto de Bogotá, son lamentables retrocesos que debilitan lo que todos esperamos del derecho y de la jurisdicción internacional, que La Haya encarna más que cualquier otra instancia.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

INTERNET Y EL SER HUMANO El olvido y la memoria, frente a frente

Michel Gondry, el genial director de cine francés, expone en su película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) la posibilidad de usar la ciencia para borrar la memoria. Para olvidar. ...

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código