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[ENCUESTAS]

La felicidad

Para revertir la mermada fe en la economía de mercado, los políticos deben impulsar programas de crecimiento que generen empleo y no abusar de su poder recortando el gasto público.

Para hacer frente a la actual crisis económica europea se ha gestado un paralizante debate que ha tenido consecuencias funestas. Por un lado están los banqueros, financieros y políticos que metieron al mundo en esta crisis y hoy decretan que la única manera de reducir el déficit presupuestal es imponiendo recortes brutales al gasto público esperando, según parece, a que el problema del desempleo y la reactivación de las actividades productivas se resuelvan por arte de magia.

Del lado contrario están quienes afirman que sin aparejar la reducción del gasto a una política de crecimiento económico que genere empleo no habrá salida de la crisis y nos recuerdan que eso fue lo que hizo Bill Clinton en su segundo periodo presidencial, porque pudo acordar con un Congreso republicano que ambos trabajaran para el bien del país.

Para el economista Amartya Sen, ganador del Premio Nobel, es evidente que las medidas de austeridad por sí mismas no solo no funcionan sino que son profundamente antidemocráticas porque los líderes las toman sin consultar a la ciudadanía. “La preservación del sistema democrático es esencial para el bien público”, escribe Sen, “y en el caso de Europa todavía más porque los acuerdos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron los que dieron luz al estado de bienestar y a los servicios de salud pública universales no con el fin de proteger a la economía de mercado sino para proteger el bienestar de la gente”.

Y todo esto viene a cuento porque acabo de leer dos encuestas recientes que dicen mucho acerca de las ramificaciones de la crisis económica en la vida de las personas. La primera fue hecha por Naciones Unidas y su propósito fue descubrir dónde vive la gente más feliz del planeta. De los 146 países encuestados, Dinamarca quedó en primer lugar, Finlandia segundo, Noruega tercero y Suecia y Alemania quedaron entre los 10 primeros. En términos generales, la encuesta encontró que la mayoría de los europeos, aunque con dolorosas y recientes excepciones, salió bien librada, pero no así quienes viven en África.

Curiosamente, la publicación de la encuesta de Naciones Unidas coincidió con la divulgación de un sondeo del Pew Center, que le da otro giro al tema de la felicidad al indagar sobre las expectativas de la gente en el mundo. Según los investigadores del Pew, la actual crisis económica mundial ha mermado la fe de la gente en la economía de mercado y en el liderazgo político mundial. De las 26 mil personas encuestadas en 21 países, solo una cuarta parte está satisfecha con su situación económica y solo en cuatro países, China (83%), Alemania (73%), Brasil (73%) y Turquía (57%), la gente reconoce que el progreso económico de su país le ha permitido mejorar su situación económica personal y tener una visión positiva del futuro económico de su familia y de su país.

En Estados Unidos, por ejemplo, solo el 31% de los encuestados piensa que la economía del país está bien; en los países árabes encuestados solo el 16% cree que sus hijos podrán superarles económicamente; y el desencanto es mucho mayor en Grecia, España e Italia y Japón, donde menos del 7% dice tener fe en su futuro. En todo el mundo, solo el 9% de los jóvenes piensa que podría tener una situación económica mejor que la de sus padres.

Desde mi punto de vista, lo que ambas encuestas muestran es que el mundo entero avanza aceleradamente hacia la infelicidad y que ese estado de ánimo, que históricamente ha estado asociado con la pobreza, la ausencia de un sistema democrático y la debilidad de las instituciones de los países, hoy amenaza también a la gente que vive en estados democráticos, con instituciones sólidas y fuertes programas de bienestar social.

Y cuando las expectativas y el ingreso económico de los jóvenes es insuficiente, se pierde la confianza en las instituciones y en el liderazgo, y sobreviene la infelicidad.

Así las cosas, yo creo que para implementar adecuadamente la reforma al sistema económico mundial a quien habría que escuchar con atención es a economistas como Amartya Sen y no a quienes por su avaricia e impericia han conducido al mundo al lamentable estado en el que se encuentra.

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