[DESCONFIANZA]

El fiasco de Obama

Obama tendrá que quitarse la ´aburrición´ que según su consejera le causa hacer lo que ´la gente ordinaria´ hace, y salvar su legado con dos reformas: la sanitaria y la migratoria.

Desde un principio, la idea del Estado solidario que velaría por el bienestar general a través de una reforma sanitaria de alcance casi universal no fue del agrado de todos. Y si a los esfuerzos de los republicanos por revocar el Obamacare le añade usted la incompetencia con la que el Gobierno se ha conducido en la implementación de la ley, entenderá por qué la popularidad del presidente Barack Obama ha caído a un nivel que parecía estar reservado para George W. Bush.

La causa del desencanto con Obama no es unívoca, del espionaje a ciudadanos amigos y enemigos, a las vacilaciones sobre Siria, a la falta de liderazgo en la batalla por la reforma migratoria, a las fallas estrepitosas en la suscripción a la reforma sanitaria, todo ahora se ha conjuntado para explicar lo que parecería increíble, el desplome de la popularidad de un presidente que se pensaba a sí mismo como invencible.

Peor aun, para citar a un columnista de The New York Times que suele escribir favorablemente sobre Obama, la integridad del Presidente ha sido puesta en duda y en esta ocasión con razón pues ha faltado a su palabra. Los cínicos dirán que la mentira es lo habitual en los políticos, pero ni siquiera esta excusa puede servirle a Obama pues su mentira repetida con insistencia fue interpretada como un intento de engañar a la gente. Lo que la insistencia denota es que Obama fue mal informado por el personal especializado desde el principio.

Primero, y apenas habiendo salido fortalecido de la batalla contra los republicanos en el Congreso que se empeñaron en cerrar el gobierno y se ganaron el repudio de la mayoría de los votantes, el equipo encargado de administrar el registro de asegurados al programa emblemático del Presidente falló estrepitosamente en su ejecución. En la primera semana de registro era virtualmente imposible suscribirse a él dadas las numerosas fallas del sistema. En las semanas siguientes sucedieron dos cosas catastróficas: el número de suscriptores era minúsculo debido en parte a las fallas técnicas pero a la vez el número de quejas se multiplicaba porque las nuevas pólizas no se ajustaban a la promesa presidencial de que los usuarios podrían optar por retener su póliza y no ser obligados a pagar más. Ahora, Obama ha anunciado que hará cambios a la ley que más que solucionar los problemas solo los pospondrán.

Dos encuestas recientes indican que la mayoría de los estadounidenses no confía en su Presidente ni lo considera honesto en su trato con ellos. Peor aun, el fiasco del inicio del Obamacare fortalece el alegato de los republicanos actuales de que el Gobierno no puede administrar grandes programas. Y digo los republicanos actuales porque hubo una época en la que el partido de Abraham Lincoln encabezó la lucha por los derechos civiles de las minorías y mostró una visión de largo alcance. No olvidemos que fue durante la presidencia del republicano Theodore R. Roosevelt cuando desde el Gobierno se promovieron regulaciones para proteger a trabajadores y consumidores de la explotación y el abuso de las corporaciones; y que luego fue el demócrata Franklin Delano Roosevelt quien con el Nuevo Trato sacó al país de la crisis económica en la que la avaricia de los especuladores de Wall Street lo había dejado y quien instituyó la creación del Seguro Social o sistema de pensión nacional; y que fueron los programas de la Gran Sociedad del también demócrata Lyndon Johnson los que ayudaron a salir de la pobreza y de la discriminación racial a millones de personas y que instituyeron el Medicare o programa de seguro médico para personas mayores de 65 años o con incapacidades.

A Obama le quedan tres años de gobierno para enmendar la ruta y mostrar que el Estado puede emprender con éxito empresas de envergadura como la reforma sanitaria. Por más incompleta que haya quedado en su redacción final la idea de ofrecerle a la mayoría de los ciudadanos un seguro que les permita cuidar de su salud es buena para el individuo y para la sociedad en general. Es decir, Obama tendrá que quitarse la “aburrición” que según su consejera principal Valerie Jarret, le causa hacer lo que “la gente ordinaria” hace, remangarse la camisa y ponerse a trabajar para salvar su legado con dos reformas imprescindibles: la sanitaria y la migratoria.

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