[ESTUDIO]

Los genes y las grasas

La secuenciación de alta calidad del genoma neandertal obtenida a partir del material genético de los fósiles de la cueva de Altai en Siberia ha conducido a que sea posible comparar nuestra especie con la de nuestros primos evolutivos más cercanos. En otras ocasiones esta columna se ha referido a algunos de esos aspectos que convierten a los neandertales en parientes tan cercanos de nosotros que compartimos alrededor de un 2% de los genes. Pero con la particularidad de que ese genoma común solo lo poseemos los europeos y los asiáticos; los africanos, al permanecer en ese continente, no se hibridaron con los neandertales.

Ekatherina Khrameeva, investigadora del CAS Key Laboratory of Computational Biology de Shanghai (China), al frente de un equipo que incluye a miembros del Max Planck de Leipzig y Postdam (Alemania), ha publicado en Nature Communications un estudio comparativo entre los genomas de los neandertales y distintas poblaciones de humanos modernos, en el que se pone de manifiesto que buena parte del genoma común se refiere a genes que controlan el metabolismo de las grasas. Pero eso solo sucede en los humanos actuales europeos, no los asiáticos que también conservan la herencia neandertal. Un comentario de Ann Gibbons, aparecido en la revista Science al artículo de Khrameeva y colaboradores, alude a ese hecho con un juego de palabras llamando fatheads a los europeos. La traducción al castellano de fathead es “torpe, imbécil”. Pero yo prefiero “cabeza de chorlito”, que conserva los aspectos formales del término inglés.

A la vista de nuestra historia reciente, que los europeos somos torpes, e incluso imbéciles, es algo que queda fuera de toda duda. Pero no van de eso las cosas. En la medida en que la presencia de lípidos en nuestros cerebros es muy grande, esa referencia a la cabeza cuando se habla del control genético es de lo más oportuna. Pero la clave, por supuesto, de la cercanía evolutiva entre neandertales y humanos modernos aparece en términos funcionales. Tanto el artículo de Khrameeva como los comentarios que ha recibido enfatizan la posibilidad de que, estando los neandertales bien adaptados al frío, es probable que una parte importante de sus rasgos correspondiese a esa adaptación, tal y como suponen muchos antropólogos, aunque no todos. Pues bien, quizá los humanos modernos que entraron en Europa aprovecharían la herencia neandertal para adaptarse al clima extremo de los inviernos europeos. La hipótesis es tentadora pero debe ser matizada. Como sabemos desde la época de Ernst Mayr, los mismos genes pueden llevar a proteínas diferentes en distintas especies e incluso en individuos diferentes. Qué decir, pues, de las conductas. Es pronto para maldecir a los neandertales porque los humanos seamos obesos. Y, desde luego, lo somos tanto los europeos como los asiáticos y africanos.

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