Hoy: Café con La Prensa sobre la reestructuración de la ciudad de Panamá

[SOCIEDAD]

Una gran ayuda

El tema de la familia da para un tomo enciclopédico. Los hay quienes la edulcoran con epítetos cursis y poco probables y otros la denuestan como fuente de conflictos.

A mi nieta de siete años le han enseñado en el colegio que las familias cuyos padres viven separados son familias “desintegradas”, una palabra malsonante, fuerte y sin duda peyorativa. En vista de que los suyos, sus padres, viven juntos en amor y compañía, la niña buscó en su entorno un ejemplo y lo encontró. ¡Eureka! Y rápidamente se formuló un silogismo, que ella no sabe que lo es, pero da igual, porque es perfecto: Las familias cuyos padres están separados son familias desintegradas. Mis abuelos paternos están divorciados, luego ellos son una familia desintegrada.

Da la casualidad de que la abuela paterna soy yo, y una vez hecho el hallazgo, me lo comunicó en una de las conversaciones telefónicas que mantenemos a menudo para acortar en lo posible la distancia que hay entre España, donde vivo yo, y Panamá, donde vive ella.

El asunto me inquietó y no por motivos personales, sino porque lleva en el fondo la enseñanza de un prejuicio que en nada favorece que los niños se formen una idea correcta de la familia. Y obedece, además, a un sentido conservador e inmovilista que cierra las múltiples posibilidades en las que los lazos familiares se pueden desarrollar.

No quería yo interferir en las enseñanzas impartidas en la escuela, pues siempre he tenido un infinito respeto por el gremio docente al que por cierto pertenecí gran parte de mi vida, y es muy probable que el concepto de familia desintegrada esté en el programa del ministerio, lo que agrava más aún el problema. Pero dada la insistencia de la chiquilla, le expliqué lo mejor que pude que donde hay cariño y buenas maneras no puede haber desintegración. Debió de entenderme muy bien, porque después de escucharme, y en vista de que había puesto en tela de duda su argumento, me cambió la conversación con una habilidad pasmosa, aunque es evidente que el asunto también la inquieta; de otro modo no haría tantas preguntas sobre las razones de nuestra separación. ¿Piensa acaso que puede pasarle también a sus padres? ¿Tiene miedo? Aunque las respuestas son siempre claras y respetuosas, su curiosidad se exacerba especialmente después de que recibe la visita del abuelo o va ella a visitarlo. La mente de un niño es compleja e inmadura y lo normal es que no acierte con los recursos que le tranquilicen. No sé, francamente, qué necesidad hay de poner a personitas tan pequeñas en semejante brete. ¿Se pretende con ello que escarmienten en cabeza ajena o que juzguen a los adultos?

Mi nieta no me preocupa. Con el tiempo, las cosas se pondrán en su sitio y entenderá que de desintegrados tenemos poco, con lo que la palabreja perderá su significado. Si familia desintegrada significa estar en continuo contacto, tratarse con respeto y acudir como un solo hombre a ayudar al que en un momento dado lo necesita, el término pierde su contenido. El problema es otro.

Desconozco cómo se les explica a los niños en Panamá y en países igualmente conservadores y prejuiciados la esencia del núcleo familiar, aunque a las pruebas me remito. Sin embargo, sería muy acertado que en lugar de yuxtaponer adjetivos a la palabra familia se expusiera, sin más, los diferentes tipos que caben en el concepto. A saber: padre, madre –separados o no– e hijos. Madre e hijos. Padre e hijos. Padres adoptivos e hijos adoptados, y otras cuantas modalidades en las que incluimos padres y madres gais o lesbianas que deciden adoptar o recurrir a las técnicas que la ciencia pone a su alcance.

El tema de la familia da para un tomo enciclopédico. Los hay quienes la edulcoran con epítetos cursis y poco probables y otros la denuestan como fuente de conflictos. En el término medio está la virtud. Lo cierto es que es un núcleo real e irrefutable. Diría también que irremediable. De cada uno depende cómo nos relacionamos con ella, y la falta de prejuicios preconcebidos es una gran ayuda.

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