[SISTEMA DE JUSTICIA]

El hijo de Frankenstein

La escasez de candidatos presidenciales viables en el Partido Republicano abona el terreno para la aparición de candidatos demagogos y populistas de extrema derecha como Rick Perry.

El gobernador de Texas, Rick Perry, es el arquetipo del demagogo populista del ala derecha del Partido Republicano, tan de derecha que hasta el conservadurismo “compasivo” de Bush, su mentor y su otrora ídolo, le parece excesivamente liberal. Tan extremista que ahora critica al expresidente por su visión del tema migratorio, su manera de enfocar la educación y su política fiscal. Perry es también el gobernador que con ofensivo desparpajo, la semana pasada, ignoró las peticiones de la Casa Blanca, del Departamento de Estado, de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, máximo órgano judicial de la ONU, y del Gobierno de México, de aplazar temporalmente la ejecución de Humberto Leal García, un ciudadano mexicano, criado en Estados Unidos, acusado de haber violado y asesinado a una niña de 16 años. Y aclaro, en ninguna de sus instancias, las peticiones de clemencia temporal se basaron en la presunción de inocencia del acusado. El alegato en Washington D.C., La Haya y la ciudad de México se sustentó en el hecho de que en el proceso judicial en contra de Leal se violó la Convención de Viena que establece que cuando un extranjero es acusado de un crimen es obligación de las autoridades avisarle de su derecho a consultar con las autoridades de su país de origen. Leal nunca se enteró que podía haber acudido al consulado de México para asistirle en su defensa. Y según el testimonio de su abogada en la apelación, su defensa no fue adecuada.

Las Convenciones de Viena que deberían haberse aplicado a este caso fueron negociadas por la administración de John F. Kennedy, y luego ratificadas por el presidente Richard Nixon, pero nunca por el Congreso. El problema, sin embargo, es que según cálculos del Departamento de Estado, a la fecha en EU hay más de 100 casos de ciudadanos de más de 30 países que se encuentran en esa situación. Y en 2010 había más de 6 mil 600 estadounidenses arrestados en el extranjero y más de 3 mil encarcelados. Y esta es una razón poderosa para escuchar el argumento, basado en el principio de reciprocidad, que la secretaria de Estado, Hillary Clinton le planteó al gobernador Perry. “Si no protegemos los derechos de los extranjeros en Estados Unidos nos arriesgamos a que a los estadounidenses presos en el extranjero se les dé un trato similar”. Perry se negó a escuchar.

A estas alturas de la elección presidencial, reconozco que es prematuro hablar de la candidatura de Rick Perry como un fait accompli, aunque debo admitir que la posibilidad de que esta llegara a prosperar me produce náusea. Se me indigesta porque Perry es el típico político populista de derechas favorito del Tea Party y su principal propagandista es Rush Limbaugh; porque es un macho prepotente que se opone a la ley que permite que las mujeres decidan qué hacer con su cuerpo; porque es un demagogo que despotrica contra el Gobierno federal en Washington, y entre bromas y veras sugiere la conveniencia de separar a Texas de la Unión Americana. Me estremece pensar en la posibilidad, aunque hoy afortunadamente todavía remota, de que el hijo de Frankenstein llegara a la Presidencia.

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