[ESTADOS UNIDOS]

La ley de la pistola

En EU, en un año cualquiera, unas 100 mil personas mueren o son heridas por disparos con armas de fuego, 31 mil 593 de ellas mueren asesinadas a balazos y 66 mil 769 son heridas.

EEn Estados Unidos (EU) cada día mueren 32 personas a causa de las armas de fuego y ni el poder Legislativo ni el Ejecutivo se atreven a acotar legalmente el poder corrosivo de los mercaderes de la violencia, la Asociación Nacional del Rifle (NRA). La semana pasada, dos estudiantes chinos fueron asesinados a sangre fría en la ciudad de Los Ángeles mientras platicaban, de noche, en su automóvil. A la fecha, nadie sabe por qué los mataron ni para qué. No hubo robo ni motivo aparente.

La noticia de la muerte a destiempo de estos dos jóvenes estudiantes de posgrado en ingeniería me conmovió de forma especial porque los hechos sucedieron en las inmediaciones de la universidad a la que he regresado para terminar mi posgrado.

Pero no vaya usted a pensar que Los Ángeles es la capital del crimen violento en el país. Cada día 32 personas mueren a causa de las armas de fuego y difícilmente pasa una semana sin que surja un nuevo incidente de violencia colectiva. Irónicamente, la tasa de homicidios per cápita es desproporcionadamente más alta en los estados del sur del país, precisamente aquellos en los que más se predica la devoción a la “Ley y el Orden”.

En EU, en un año cualquiera, unas 100 mil personas mueren o son heridas por disparos con armas de fuego, 31 mil 593 de ellas mueren asesinadas a balazos y 66 mil 769 son heridas. Las tasas de homicidio a balazos, con arma blanca o a golpes son casi 7 veces más altas que las de 22 países del mundo industrializado y las cifras de homicidio con armas de fuego son casi 20 veces más altas. Los costos que provoca la violencia con armas de fuego en atención hospitalaria y médica a los heridos, en gastos del sistema de justicia criminal y en medidas precautorias como detectores de metal se calcula que ascienden a los 100 mil millones de dólares anuales que vienen de los bolsillos de los contribuyentes.Se calcula que más del 40% de las ventas de armas tiene lugar en mercados secundarios como las ferias de armas en las que los vendedores no hacen los debidos chequeos sobre los antecedentes de los compradores, un requisito que en teoría exigen las leyes vigentes sobre el control de armas.

Las teorías que intentan descifrar el porqué de esta trágica incidencia son muchas. El profesor Pieter Spierenburg, un reconocido experto en criminología, ha escrito que los estadounidenses no se beneficiaron del “proceso civilizador” que los países europeos vivieron (desde el aprendizaje de maneras en la mesa hasta la aceptación de la autoridad del estado) antes de adoptar la democracia como su sistema político.

La revolución americana, dice Spierenburg, hizo libres a los estadounidenses antes de que tuvieran tiempo de aprender el autocontrol, un derivado natural de la noción de que para preservar el estado de derecho el Estado es quien debe tener el monopolio de la fuerza, no la población armada.

Otros expertos opinan que la solución más práctica para mitigar la violencia con armas de fuego sería la promulgación de leyes que racionalicen su compra. Una sugerencia improbable dada la inmoral dependencia del Congreso estadounidense a la poderosa ANR que no solo financia gran parte de las campañas de los congresistas, sino que inspira pavor a quienes se atreven a desobedecer sus abusivas demandas.

La semana pasada, en la convención de la NRA, cuyo lema fue “Una celebración de los valores americanos”, el camaleónico Mitt Romney prometió a los asistentes su eterna fidelidad en caso de llegar a la Presidencia. Antes, alguna vez en su carrera política se había opuesto, aunque tímidamente, a los designios de la NRA. No más. Peor aún fue la abyecta intervención de Newt Gingrich, quien con la incontinencia verbal que le caracteriza, dijo que exigiría a Naciones Unidas proclamar la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense como un “derecho humano de cada persona en el planeta”. Desafortunadamente para la salud física y mental del país, los demócratas, empezando por el presidente Barack Obama, tampoco tienen un récord que presumir oponiéndose a los designios de la NRA, y es precisamente por este contubernio entre los mercaderes de armas y el gobierno que la cifra de muertos por armas de fuego en este país seguirá aumentando.

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