[ARROGANCIA]

Un listo en el MIT y el resto, estúpidos

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) es una de las universidades más prestigiosas. Todo lo que allí brilla es oro, aunque en ocasiones el oro no sea de ley, al menos constante. Y serviría para ejemplificarlo Noam Chomsky, el lingüista que cuando diserta sobre la gramática transformacional, por caso, no deja opción a quitarse el sombrero con respeto, pero cuando cambia de palo pa´ rumba y denuesta a Estados Unidos, al tiempo que defiende a Fidel Castro y Hugo Chávez, no hay manera de sonorizar bastante la pedorreta que merece.

Ahora lleva una semana en el candelero otro del MIT, el economista Jonathan Gruber. Este caballero no es uno más entre los que redactaron las miles de páginas del Obamacare, el programa enseña del presidente Obama, sino el principal de ellos, el guía, el “arquitecto” del proyecto de ley de 2009 que, todos recordamos, se aprobó sin que nadie lo hubiera leído, tal vez porque era muy largo, y la entonces speaker de la Cámara, Nancy Pelosi, dijo que para conocer su contenido debía convertirse en ley. Como así fue: sin leerse fue aprobado y convertido en ley. Pues al cabo de los años han empezado a ver la luz no solo los secretos del Obamacare, sino también videos en los que el doctor Gruber explica cómo se manipuló su publicidad para que no encontrara resistencia dado que los votantes, como explica expresivamente en una de las películas, son estúpidos. Y los ciudadanos americanos, subraya en otra, son estúpidos y de saber las condiciones del nuevo seguro de salud no las habrían aceptado.

Semejante arrogancia es propia de monarcas absolutos o dictadores de pacotilla. “No pretendas compararte conmigo. Tú no sabes lo que te conviene, ni lo que estudiar, ni en qué trabajar, ni cómo, ni cuántos hijos tener, ni cómo alimentarlos, ni alimentarte tú, eres un estúpido. El que sabe soy yo, así que más te vale callar. Te diré lo que tienes que hacer, la manera de comportarte, qué comer, qué estudiar, en qué gastar tu dinero y cómo divertirte”. Pero no solo monarcas y totalitarios se las gastan así: soñadores con un nuevo orden mundial y comuñangas, paracomuñangas y semicomuñangas están cortados por la misma tijera. En Estados Unidos los tenemos de sobra. Buena muestra es Gruber, cuya única explicación hasta ahora por los insultos –no disculpa– es que su lenguaje no fue afortunado. A nadie le gusta que le digan estúpido. Ni a los estúpidos les gusta que les recuerden su condición.

Aparte de que la mayoría de los americanos no pasta en los potreros ni anda encaramada en las matas. Y aparte de que si las mentiras sobre Obamacare eran para impedir que los votantes lo rechazaran, los ciudadanos no han podido votarlo, aunque muchos lo protesten.

Los únicos que votaron el proyecto fueron los congresistas. En la Cámara y el Senado pasó con el voto de los demócratas. Entonces, ¿quiénes eran los estúpidos a los que había que engañar para que no lo rechazaran? Está por verse quién resultará al final más estúpido.

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