[ESTADOS UNIDOS]

¿Es la migración un tema nacional o transnacional?

Al tiempo que avanza la discusión sobre los términos de un proyecto de ley migratoria en el Congreso, los expertos debaten si la manera de encarar el fenómeno es el más justo y apropiado.
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Aunque la aprobación del proyecto de ley de inmigración en el Senado estadounidense ha sido un importante paso hacia una ley que reformaría el desvencijado sistema migratorio nacional, lo más difícil ni siquiera ha empezado. Falta que los republicanos en la Cámara de Representantes se pongan de acuerdo y, si es que logran aprobar un proyecto de ley, ver cómo quedaría el texto final una vez conciliado con el del Senado.

No obstante, pienso que es comprensible que la manera de encarar el proceso y el texto de algunas de las provisiones del proyecto de ley del Senado generen malestar en México y susciten una polémica que a la fecha encabezan, cada uno por su lado, dos mexicanos expertos en el tema migratorio, el Dr. Jorge Bustamante, fundador del Colegio de la Frontera Norte y ex Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos de los Migrantes, y el exsecretario de Relaciones Exteriores Jorge Castañeda.

Lo primero que ambos objetan es la unilateralidad del proceso. Entrevistado telefónicamente, Bustamante me dice que la resolución de la ONU, expresada través de la Organización Internacional del Trabajo, establece que los fenómenos internacionales de migración laboral deben resolverse por la vía de negociaciones bilaterales o multilaterales, en tanto que se trata de una negociación laboral. “El problema –me dice Bustamante– es que el Gobierno de México no es tomado en serio en Washington”.

Castañeda, por su parte, ha escrito que no solo coincide con las críticas de Bustamante al proceso sino que la historia nos muestra por lo menos tres instancias de acuerdos migratorios negociados por Estados Unidos (EU): con Japón en 1907; el Acuerdo Bracero que negoció con México de 1942 a 1964, y el acuerdo con Cuba que se firmó en 1965, y que hoy sigue vigente aunque con ligeras variantes. También coincide con Bustamante al criticar la timorata respuesta del Gobierno mexicano a los acontecimientos en Washington.

Con el fin de contrastar la opinión de los mexicanos acudí primero a Jeff Davidow, el experimentado diplomático estadounidense y exembajador de EU en México, quien me dijo: “Los críticos de la posible reforma migratoria están en lo correcto al argumentar que la migración es un fenómeno transnacional que en un mundo ideal requeriría de negociaciones internacionales. También tienen razón al subrayar que la migración de mexicanos a EU es el resultado de un mercado laboral integrado. Pero los ejemplos que utilizan no ayudan a su causa. Gracias al acuerdo con Japón este país detuvo la inmigración de sus ciudadanos a Estados Unidos; en lo que respecta al acuerdo con Cuba, EU implícitamente aceptó el derecho de un régimen totalitario a encerrar a sus ciudadanos en su territorio. Pero con México no se podría llegar a un acuerdo semejante, porque no es ni el Japón imperial ni la dictadura castrista. México no tiene la voluntad ni la capacidad de impedir que sus ciudadanos viajen a donde quieran”.

Yo coincido con Bustamante y Castañeda cuando subrayan que el proceso debió de ser otro y que lo ideal hubiera sido que este asunto se tratara como una cuestión laboral que demandaría un acuerdo multilateral que habría involucrado no solo a Estados Unidos y a México, sino a muchos otros países que expulsan trabajadores que EU recibe para mantener su competitividad en ciertas industrias. Pero también coincido con Davidow cuando señala que México no tiene fichas para negociar este acuerdo, y con el embajador Charles Shapiro, quien opina que ningún país del mundo aceptaría que una ley doméstica fuera negociada con otro país.

Más aun, yo creo que en el caso de Japón y en el del Programa Bracero, la comparación es forzada porque el tema no era la posible nacionalización de millones de personas. Y en lo referente al caso de Cuba, lo primero que habría que admitir es que los cabilderos cubano-americanos, empresarios, congresistas, obreros, tienen una meta común que les unifica y fortalece: defender a sus familiares que huyen de la dictadura castrista. Mientras que la lucha de los cabilderos mexicano-americanos, congresistas, empresarios, obreros, tiene como objetivo hacer que los migrantes se integren al país y se conviertan en ciudadanos estadounidenses, y nada tiene que ver con el Gobierno mexicano.

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