[EN LA CORTA DISTANCIA]

¿Qué pasó con España?

El país está en crisis, en la cuerda floja del futuro, batallando para salir de esa situación límite en la que ha caído gracias a la irresponsabilidad de sus clases dirigentes, políticos incluidos.

Hace tan solo unos años, España era un destino dorado para inmigrantes; era un espacio de libertades soñadas donde había trabajo y fiesta (más fiesta que trabajo, desde luego), alegría descomunal y dinero corriendo por las calles. “El milagro español”, titularon los diarios más importantes del mundo para hablar de España. Habíamos salido de una ruinosa y sórdida posguerra, nos habíamos escapado de una dictadura franquista que fue peor que la guerra civil, y ahora estábamos en el mundo, a la cabeza del mundo, sin complejos de inferioridad históricos y sin alardes de gran potencia. Solo con formas groseras de “nuevos ricos”.

Alguna que otra Casandra del sistema, esas voces que advierten de que el lobo va a llegar por donde se le espera, aunque nadie les haga caso, había avisado de la fiesta excesiva y, sobre todo, de que todo el mundo hacía en España lo que le daba la gana. Sobre todo, se robaba a manos llenas. Y quien no robaba, gastaba no lo que no ganaba. El Carnaval de hace unos años era, como pudo verse en poco tiempo, inaguantable e inadmisible. Pero el relajo en el que España cayó en aquella temporada de juerga pasa ahora los intereses y las cuentas impagables que estamos obligados a enfrentar. Así es la vaina.

¿Qué pasó con España? Un alto porcentaje de empresarios (o que llamaban y decían tales) no hizo otra cosa durante esos años más que robar. Robar sus empresas, como si fueran suyas, y robar las de los demás, que también robaban. ¿Y los gobiernos? Hubo gente, y la hay, en el Gobierno español, en cualquiera de sus administraciones, que no tenía vergüenza alguna en decir en público que se había enriquecido por suerte; porque se había sacado la lotería más de 10 veces en un año.

Esa didáctica inmoral cuajó en un país que se había acostumbrado a la juerga interminable y al que no le importaba gastar por encima de sus posibilidades cuando veía que las clases dirigentes no tenían otra intención en la vida que robar todo cuanto se les antojara y pusiera por delante. Un gobierno socialista, el de Zapatero, recibió las arcas del Estado llenas de euros, a pesar del aviso de la burbuja del cemento, pero el señorito leonés no hizo otra cosa que farfullar y languidecer y durante sus ocho años de gobierno no hizo más que perder el tiempo y gastar de manera asombrosamente escandalosa lo que no teníamos que haber gastado. Y luego está la banca: no robaron más porque no había. Se quedaron con el dinero de los ahorradores de toda la vida y metieron el dinero en una cueva de ladrones que llamaron “preferentes”, en la que el dinero entraba y no salía más, sino que iba a parar a los bolsillos de los dirigentes financieros, es decir, de los ladrones de guante blanco que están hoy desprestigiados en todo el país.

¿Y los políticos? Los hay de todos los colores que se han enriquecido en su paso por el gobierno respectivo y los que, a pesar de estar en varios gobiernos, salieron indemnes de la prueba y no robaron ni un euro. Eso se sabe, y hoy los españoles se dividen básicamente en dos, los que no tenemos cuentas en Suiza ni en ningún paraíso fiscal y los que tienen cuentas en Suiza y negocios oscuros en otros paraísos fiscales. Mi amor por Panamá me ha dado a mí mismo, que vivo en exclusiva de lo que trabajo y que jamás me pleiteé quedarme con un euro que no fuera mío, mala prensa; la mezquindad de algunos dice por lo bajo que vengo tanto a Panamá porque tengo negocios en este país. O lo que es peor: otra familia, con hijos y todo.

España, entonces, de lo que se trata ahora es de pagar lo que se debe de la gran fiesta perdida. De lo que se trata es de volver a levantar al país, todos juntos (esta historia de los catalanes y su independencia provoca risas mal contenidas en los más inteligentes...), cada uno con su responsabilidad. Y que quienes tienen esa responsabilidad hagan cumplir y cumplan las leyes, hagan cumplir y cumplan la Constitución, y no se aprovechen de la buena voluntad del país para llevárselo todo a casa, confundiendo lo público con lo privado, un pecado que los patriotas repiten en muchas partes del mundo (creen que, de existir la patria, su amor por ella es tan grande que se la quedan toda y la ponen a su nombre). El resultado es que España está en crisis, en la cuerda floja del futuro, batallando para salir de esa situación límite en la que ha caído gracias a la irresponsabilidad de sus clases dirigentes, políticos incluidos. Es así, nadie se salva de sus pecados sin lavarlos: nadie salda sus deudas sin pagarlas.

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