[TERRORISMO]

Una petición razonable

´Obama ni se declaró vencedor en la lucha antiterrorista ni negó la persistencia de la amenaza. Lo que propuso fue una discusión más pulcra acerca de la naturaleza del fenómeno´.

La petición del presidente Barack Obama para que se redefinan los alcances y los límites de la lucha contra el terrorismo y se recuperen los extraviados principios democráticos de la nación es justa y razonable.

Sin la presión de la reelección, en su quinto año de gobierno, en un discurso en la Universidad de la Defensa Nacional, el presidente Barack Obama dijo que la “Guerra Global contra el Terrorismo”, que heredó de su predecesor y que él continuó, debe redefinir sus alcances y operar de manera que no se quebranten los principios democráticos del país.

Vale aclarar que en su discurso, Obama ni se declaró vencedor en la lucha antiterrorista ni negó la persistencia de la amenaza. Lo que propuso fue una discusión más pulcra acerca de la naturaleza del fenómeno y sobre la mejor manera de combatirlo. Irónicamente, en las palabras de Obama hay ecos de la estrategia que John Kerry esbozó durante su campaña presidencial de 2004, cuando propuso que “más que una operación militar, la guerra contra el terrorismo debería pelearse haciendo un mejor trabajo de inteligencia y valiéndose de operaciones policiales eficaces”.

Una propuesta que mereció las burlas de George W. Bush, el ganador de la elección y el mismo que metió al país en dos guerras innecesarias invocando la “Guerra Global contra el Terrorismo.”

Ahora, buscando cambiar el rumbo de este combate sin fin, Obama pidió “redefinir nuestro esfuerzo no como una guerra global sin límites sino como una serie de golpes dirigidos a desmantelar redes específicas de extremistas que amenazan a nuestro país. Si no disciplinamos nuestro pensamiento y nuestras acciones bien podríamos enredarnos en nuevas e innecesarias guerras”.

Desafortunadamente, a la hora de entrar en temas específicos Obama fue mucho menos enfático. Refiriéndose a los “drones” o aviones armados no tripulados, el Presidente dijo que habría que imponerles nuevos límites, es decir, utilizarlos solo cuando el blanco presentara “una amenaza eminente y continuada al país”. Cabe aclarar en este punto que durante la administración de Obama el uso de los “drones” ha aumentado considerablemente. Tan solo entre 2008 y 2010, la cifra de “drones” utilizados pasó de 35 a 121. Y según parece, las fuerzas armadas estadounidenses seguirán utilizando los “drones” porque a juicio del Presidente y los militares son armas muy efectivas. Y esto lo dicen a pesar de que la evidencia muestra que en dichos ataques también mueren muchos civiles.

También pidió al Congreso que deje de restringir por razones ideológicas el traslado de detenidos en Guantánamo a tribunales civiles y militares en Estados Unidos para que finalmente se cierre la prisión en la que 166 prisioneros viven en un limbo legal. Y aunque algunos de los prisioneros no podrían ser juzgados en un tribunal civil porque la evidencia en su contra está contaminada por haber sido torturados, por lo menos podrían ser juzgados en territorio estadounidense por tribunales militares y con apego al estado de derecho.

Como era de esperarse, la primera reacción de los republicanos en el Congreso al discurso de Obama ha sido muy negativa. Para algunos, “el discurso de Obama será visto por los terroristas como una victoria porque en vez de continuar con las exitosas actividades antiterroristas, ahora cambiamos el curso sin beneficio operacional visible”. Y como no podía faltar, ya el senador Lindsey Graham se ha apresurado a utilizar el lenguaje del “miedo” al enemigo y al cambio declarando: “el enemigo se está transformando y la amenaza se está extendiendo. Hoy, tememos que a futuro haya más conflictos que los que han habido en muchos años”.

Siguiendo la tradición de la extrema derecha en este país, de Joseph McCarthy a Richard Nixon a Ronald Reagan y al Tea Party, antes de iniciar sus guerras en Irak y Afganistán, lo primero que George W. Bush hizo para justificar los ataques preventivos, la tortura y el encarcelamiento indefinido y sin cargos de los presuntos enemigos fue sembrar el miedo en la ciudadanía. Peor aun, la “estrategia del miedo” de Bush funcionó porque la mayor parte de la ciudadanía la aceptó. Pocos fueron los que cuestionaron la política de “ser duros contra el terrorismo” en la que cabía todo. Incluso aquello que chocaba directamente con los principios democráticos de este país.

Ahora, lo que Obama pide es razonable: abrir un debate de modestos alcances que podría ayudar a que el país recuperara sus principios democráticos rectores, no siempre observados, es cierto, pero no por ello menos encomiables.

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