[ELECCIONES]

Sin sorpresas ni oposición, los Ortega arrasan en Nicaragua

La aceleración del autoritarismo y la marcha hacia un régimen de partido único, con una familia a cargo del Gobierno, no augura buen futuro para el segundo país más pobre de América Latina.

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Sin sorpresas ni oposición, los Ortega arrasan en Nicaragua

En Nicaragua no hubo sorpresas. Como lo tenían perfectamente programado, el comandante Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo ganaron las elecciones presidenciales, con el 72% de los votos, el domingo 6 de noviembre de 2016. La oposición asegura que el índice de abstención podría superar el 72%, pero el Tribunal Electoral, controlado por el comandante, dijo que la participación ciudadana fue superior.

En rigor, reconozco que era ingenuo esperar una sorpresa en una elección en la que no hubo competencia viable. En la Nicaragua que Ortega, la compañera Rosario y el Frente Sandinista de Liberación Nacional han reconstruido no existe un partido opositor reconocido legalmente. Para esta elección no se permitió la presencia de observadores internacionales, no hubo campañas publicitarias destacando los logros del sandinismo o exponiendo sus programas del porvenir. ¿Para qué, si todo el mundo sabía de antemano cuál sería el resultado?

Lo que sí hubo este domingo fue una demostración clarísima de cómo se manipula un sistema político para perpetuar en el poder a un dictador en ciernes. A Ortega le ha tomado una década maniobrar políticamente para asegurarse el control de los tres poderes de gobierno y para modificar la Constitución y se le permitiera la posibilidad de la reelección indefinida del comandante a la presidencia. Aparte del período presidencial entre 1979 y 1990, Ortega ha sido presidente tres veces: entre 1985 y 1990, entre 2006 y 2011, y entre 2011 y 2016, y el llamado “ candidato histórico y profético de las fuerzas laborales de Nicaragua”, seguirá siendo presidente durante los próximos cinco años.

Preparándose para esta elección, el Consejo Supremo Electoral, un organismo estatal controlado políticamente por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, en julio de este año destituyó a 16 diputados electos y a 12 suplentes del Partido Liberal Independiente para, posteriormente, eliminar al partido de oposición independiente declarándole ilegal.

Si algo ha quedado en claro en las casi cuatro décadas en las que la familia Ortega ha dominado la política nicaragüense, es que el comandante aprendió muy bien la lección de sus antiguos enemigos los Somoza. Anastasio Somoza García fue dictador de Nicaragua, entre 1937 y 1956, con una pausa de tres años entre 1947 y 1950. Su hijo, Luis Somoza Debayle, fue dictador entre 1956 y 1963, y su hermano menor, Anastasio Tachito Somoza Debayle, fue dictador entre 1967 y 1979, con una pausa de un año.

Un dato tan curioso como aterrador, pero que quizá ayude a explicar la larga permanencia de esta familia en el poder, es que durante toda la dictadura de los Somoza un miembro de la familia siempre fue el jefe director de la Guardia Nacional de Nicaragua. Coincidentemente, Humberto Ortega, hermano de Daniel, fue el fundador y primer jefe del Ejército Popular Sandinista, desde 1979 hasta 1995.

Pero volviendo al tema de la elección de 2016, lo más lamentable del abuso es que, probablemente, el comandante podía haber ganado la elección sin recurrir a tantas maniobras ilegales. Desde que Ortega adoptó políticas económicas neoliberales, en 2007, y estableció una alianza con el sector privado nicaragüense, el producto interno bruto del país ha aumentado un 74%, el ingreso per cápita ha subido un 50%, la inflación ronda el 4% y el índice de pobreza ha bajado de 48% a 29%. Este año se espera que el PIB crezca entre el 4.2% y el 5.3%.

Por otro lado, no debemos olvidar que la asistencia económica de Venezuela a Nicaragua ha sido espectacularmente generosa y le ha permitido a Ortega financiar la mayoría de los programas sociales que se han traducido en votos a su favor. En 2010, el subsidio venezolano alcanzó los 500 millones de dólares y, en 2014, una quinta parte del presupuesto nacional fue financiada por Venezuela. La gran pregunta es ¿qué pasará cuando los subsidios venezolanos a los sandinistas se acaben?

El proceso de aceleración del autoritarismo y su marcha hacia un régimen de partido único, con una familia a cargo del Gobierno, no augura un buen futuro para el segundo país más pobre de América Latina. En los sistemas democráticos existen mecanismos para castigar a los malos gobernantes, en las dictaduras no hay más que lo que el dictador quiere y manda.

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