Alacranes, exitosos y peligrosos

En caso de picadura de un alacrán, olvide los remedios tradicionales, vaya a la instalación de salud más cercana.

Panamá cuenta con una tasa de 72 casos de envenenamiento por picadura de escorpión por cada 100 mil habitantes, la segunda más alta en Latinoamérica después de México, que tiene 203 casos por 100 mil habitantes.

Estos artrópodos, más conocidos como alacranes, pueden estar dentro y fuera de las casas, tanto en la ciudad como en el campo, en sótanos, depósitos, bajo la corteza de árboles, piedras y en la basura acumulada, entre materiales de construcción abandonados, en grietas de paredes e, incluso, entre sábanas, ropa y zapatos.

No hay duda de su éxito evolutivo: han habitado el planeta desde unos 450 millones de años y se han adaptado a vivir en todos los continentes, menos en la Antártida. Todos producen veneno, ya sea para paralizar a sus víctimas o para defenderse de sus depredadores (aves, roedores, sapos, lagartijas, arañas, hormigas, ciempiés u otros alacranes).

Cuando una persona es picada por un alacrán, las toxinas del veneno afectan las células que responden a diferentes estímulos, como las del sistema nervioso y músculo-esquelético, causando la liberación de neuro- transmisores, procesos inflamatorios y la afectación de órganos, hasta la muerte.

Un suero antiveneno puede salvar a la persona, siempre y cuando se administre rápido. Si pasan horas desde el accidente, será poco lo que se pueda hacer. Pero, como las toxinas varían según la especie y origen geográfico del alacrán, un suero preparado para el veneno de una especie no será muy efectivo para tratar un envenenamiento de otra especie.

PANORAMA LOCAL

Antes de 2007 no se sabía de especies peligrosas de escorpiones en Panamá, hasta que a principios de ese año se reportó la muerte de algunos niños a causa del envenenamiento por picadura de escorpión.

Expertos nacionales e internacionales comenzaron a evaluar el problema y surgieron iniciativas de investigación, financiadas por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación para obtener información sobre los escorpiones de Panamá, sus hábitos y toxinas, para así prevenir accidentes y crear nuevos antídotos que fueran específicos para neutralizar las toxinas de las especies locales.

Parte de los hallazgos de dos estudios se han recopilado en el libro Los escorpiones y el escorpionismo en Panamá (volumen I), recientemente presentado en la Universidad de Panamá (UP) y del cual se contempla ya un segundo volumen.

La obra fue escrita por el Dr. Adolfo Borges, bioquímico y biólogo molecular de la Universidad Central de Venezuela que participó como investigador visitante en Panamá, junto al biólogo y entomólogo del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, Roberto Miranda, y la profesora Hildaura Acosta de Patiño, farmacóloga de la UP.

De las aproximadamente mil 740 especies de escorpiones que hay en el mundo, en Panamá se han reportado 13 especies, pertenecientes a los géneros: Tityus, Centruroides, Opisthacanthus, Ananteris y Chactas.

Los géneros de mayor importancia para la salud pública en el país son: Centruroides y Tityus, de la familia Buthidae. Aunque el causante de la mayor cantidad de picaduras en el país es el alacrán chocolate de la vertiente del Pacífico Centruroides margaritatus, el envenenamiento que este produce es considerado leve.

En cambio, Tityus asthenes, Tityus cerroazul, Tityus festae y Tityus pachyurus son los más peligrosos y han causado muertes en el país.

EN BUSCA DE UN SUERO

Para prevenir los accidentes, los expertos recomiendan mantener limpios los terrenos baldíos que estén a menos de dos metros de las viviendas y no descartar basura en ellos; repellar las grietas de las paredes, mantener a raya las cucarachas, arañas y grillos que les sirven de alimento, y usar guantes de cuero y zapatos cerrados al remover materiales de construcción, maderas y piedras.

Se debe evitar la quema de la vegetación cercana a las casas para no desalojar a los escorpiones de sus sitios naturales y desplazarlos hacia las viviendas. Y si ocurre un accidente, se debe ir a la instalación de salud más cercana y no aplicar torniquetes ni sustancias en la picadura.

“Hay que producir un suero específico para los Tityus de Panamá”, dijo la profesora de Patiño en la presentación del libro. Para ello, se debe usar un veneno patrón, que contenga un 75% del veneno de Tityus pachyurus y 25% del veneno de Tityus cerroazul, que no es reconocido por los antídotos existentes.

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