Amenazas y conservación

En Panamá, hay cinco especies de tortugas que enfrentan diferentes escollos para poder sobrevivir.

En América hay poblaciones desovadoras de seis especies de tortugas marinas de las siete que aún existen en el mundo, según la Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas (CIT).

Ellas son: la tortuga laúd o baula (Dermochelys coriacea); la tortuga verde, blanca o negra (Chelonia mydas); la tortuga carey (Eretmochelys imbricata); la tortuga cabezona o caguama (Caretta caretta); la tortuga golfina o lora (Lepidochelys olivacea) y la tortuga lora (Lepidochelys kempii).

En Panamá hay cinco de estas seis. Está la tortuga cabezona, en el Caribe y no en el Pacífico; la lora o golfina, en el Pacífico y no en el Caribe; y el resto está en ambos lados: verde, baula y carey, indica el profesor costarricense Didiher Chacón-Chaverri, director en América Latina de la Red para la Conservación de las Tortugas Marinas en el Gran Caribe (Widecast, por sus siglas en inglés).

El 98% de los problemas que enfrentan las tortugas marinas los genera la sociedad, calcula Chacón-Chaverri, y por su alcance global el cambio climático es el mayor enemigo.

En algunas áreas, como en la provincia de Bocas del Toro, la recolección de huevos es uno de los impactos más severos asociados al desarrollo costero, porque son sitios bellos y las personas quieren levantar hoteles en esas áreas, explica.

También está la contaminación producto de los sedimentos que se descargan en el mar, así como el mal manejo que se da a las aguas servidas y a los desechos, añade Edgar Araúz, profesor en la Escuela de Biología de la Universidad de Panamá.

Además, es frecuente el saqueo de nidos en las principales playas donde las especies de tortugas llegan a depositar sus huevos, y esta actividad ilícita se da en ambas costas del país, dice.

La captura de tortugas marinas para el consumo de carne es otro de los factores que afecta, revela.

En este listado también aparece la captura accidental gracias a la actividad pesquera de palangre y a las redes usadas por los barcos camaroneros, subraya el especialista.

PROTECCIÓN Y MEDIDAS

Las acciones comienzan desde casa: ahorrar energía para consumir menos combustible, reciclar, comprar productos amigables con el ambiente y no talar el bosque ni afectar la vida marina, enumera el profesor Chacón-Chaverri.

En Panamá se dictan charlas para el público en general, se asesora y apoya a grupos comunitarios en la elaboración de viveros o corrales de protección de nidos, y se orienta a estudiantes universitarios que desean realizar proyectos de investigación con tortugas marinas, señalan desde la Dirección General de Investigación y Desarrollo de la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP).

Todo esto para cumplir con los compromisos adquiridos al ser Panamá signataria de la CIT, recalca Marino Ábrego, del departamento de Evaluación de los Recursos Acuáticos de la dirección general de Investigación y Desarrollo de la ARAP.

Adicionalmente, se trabaja en la elaboración del Plan de Acción para la Conservación de las Tortugas Marinas en Panamá, señala.

Este proyecto, que está en ejecución, se desarrolla con apoyo de Conservación Internacional, y tiene por objetivo contribuir con la Gestión para la Conservación de las Tortugas Marinas en Panamá, con un enfoque regional y participativo de los actores involucrados en el tema, indica Ábrego.

Chacón-Chaverri recalca que hay que controlar las amenazas en varios niveles en el ciclo de vida de las tortugas marinas, para reducir su efecto sobre sus diferentes estadios.

 Ciclo de vida de las tortugas marinas

El tiempo que pasan las tortugas marinas en las playas de anidación es corto. En su proceso de reproducción, las tortugas marinas evolutivamente y por selección han escogido la parte más estable del año en el renglón del clima, explica el profesor costarricense Didiher Chacón-Chaverri. Por ello, a mediados de año en el Pacífico, la tortuga golfina o lora se reproduce y, en el caso de la tortuga carey y la verde, su proceso reproductivo es cerca de esta fecha. En tanto, la tortuga baula anida en el Pacífico en diciembre o enero, mientras que en el Caribe las condiciones más estables están en el primer semestre del año.

Las tortugas anidan y las crías nacen entre 5 y 8 semanas después, van directo al mar y no vuelven hasta al menos una década después. Usan las corrientes en el océano, van alimentándose y creciendo, y luego de 10 a 25 años regresan al sitio de anidamiento.

Ozzy Velásquez, de la Universidad Marítima de Panamá, realizó una investigación como trabajo de grado titulada Evaluación de la densidad de nidos de tortuga lora en la playa La Marinera, Guánico Abajo de Tonosí, provincia de Los Santos. Su conclusión fue que la densidad de la playa en este caso resultó ser baja; menos de dos nidos por metro cuadrado. Se suponía que, siendo una playa de anidación, debería tener una densidad más alta, pues cuenta con 600 metros longitudinales de arena para anidación.

FANNY D. ARIAS CH.

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