‘Bien cuidao, jefe’

Los bien cuidao del Casco Antiguo de la ciudad capital aprovechan los últimos días de actividad en el área para hacer de las suyas.

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‘Bien cuidao, jefe’ ‘Bien cuidao, jefe’

‘Bien cuidao, jefe’ Foto por: Ana Rentería

Bella Vista, vía España, calle Uruguay y el Casco Antiguo son algunos de los puntos de la urbe saturados de los bien cuidao. Bella Vista, vía España, calle Uruguay y el Casco Antiguo son algunos de los puntos de la urbe saturados de los bien cuidao.

Bella Vista, vía España, calle Uruguay y el Casco Antiguo son algunos de los puntos de la urbe saturados de los bien cuidao. Foto por: Ana Rentería

Historias de los bien cuidao Historias de los bien cuidao

Historias de los bien cuidao

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Historias de los bien cuidao

Usa gorra, pantalones cortos, chancletas y un chaleco con cintas reflectoras. No deja de agitar las manos mientras repite con afán: “¡Venga! ¡Venga!”. Parado en una esquina de la plaza, el escuálido chico promueve su producto: estacionamientos. Solo le quedan dos y advierte a los conductores con gritos y señales que “por allá abajo la cosa está full”.

Es fin de semana en el siempre concurrido Casco Antiguo de San Felipe y los bien cuidao están en su esencia, ofreciendo espacios para aparcar y otros servicios.

Algunos exigen su tarifa por adelantado: “Son 3 dólares, licenciado”. Otros solo se acercan y anuncian su presencia: “Bien cuidao, jefe”.

Hay “clientes” que pagan y los hay “tacaños” que no, comenta un grupo de bien cuidao que opera en las cercanías de la Plaza Mayor.

Sin confirmar la tarifa exacta que cobran, reconocen que durante los “días muertos” recogen entre 15 y 30 dólares, pero que los fines de semana las ganancias se pueden multiplicar hasta los 80 dólares diarios.

Se manejan con una “tarifa especial” porque se trata de “una área especial”, justifican, con la condición de no ser identificados. Temen más represalias de la Alcaldía de Panamá, que ha prohibido la práctica del oficio de bien cuidao en el Casco Antiguo a partir del 1 de marzo entrante, medida que, según un comunicado del municipio, se extenderá paulatinamente a otros puntos de la urbe capitalina, donde reinan estos “polémicos” personajes que arrastran la mala fama de sentirse dueños de los espacios públicos y rayar los carros si no les pagan por su servicio.

Historias de los bien cuidao

Hace unos 30 años, cuando Juan empezó a dedicarse a la vigilancia de vehículos siendo un muchacho, ya a quienes practicaban el oficio se les conocía como “bien cuidao”.

“Yo limpiaba carros, pero si los cuidaba me iba mejor. Eran los años finales de 1980. Por lavar un carro se cobraban 75 centésimos y por cuidarlo la gente te daba un cuara”, cuenta Juan, como le llaman todos en la calle 33 y avenida Cuba en Bella Vista, donde vigila vehículo “de seis a seis”.

Unos conos naranjas se encargan de marcar los estacionamientos disponibles, que Juan y otro puñado de bien cuidaos ofrecen con esmero a cualquier vehículo que por allí pase.

“Nuestro trabajo siempre ha sido principalmente la seguridad, vigilar que nada les pase a los carros que nos dejan encargados, sobre todo en áreas como esta, peligrosas”, se justifica Melvin Gómez, de 49 años, 13 de ellos dedicados a ser bien cuidao.

También limpian los coches si los dueños lo piden y ayudan en todo lo que el “cliente” necesite a la hora de entrar o salir de un estacionamiento, describe Melvin, y destaca orgulloso: “Como tenemos muchos años de estar en esta calle, hay personas que llegan y nos dejan las llaves del carro para que lo estacionemos cuando se libere un espacio”.

Aquí nadie es maleante ni piedredo, recalca Melvin, mientras extiende su mano para recibir 2 monedas de 25 centésimos que comparte con Juan.

“Aquí trabajamos así, en equipo”, explica. ¿El precio de sus servicios? “Lo que salga del corazón y el bolsillo de las personas”, dice Carlos, de 51 años, otro de los bien cuidao del área que lleva décadas llevando “el pan a la mesa” cuidando carros.

“A veces te dan un cuara o dos dólares. Bienvenido sean. Otras veces solo las gracias”, acota Juan. Al final del día, se pueden marchar a casa con entre 7 y 15 dólares. Depende del movimiento y de la “buena voluntad” de las personas, afirman.

EL PROBLEMA

Los bien cuidao son tan antiguos como los coches, estima Juan, de 60 años y semblante sereno.

La gran diferencia hoy día es que están en cada esquina. Solo en la calle 33 donde cuida, hay entre 12 y 15.

Vía España, la zona bancaria, calle Uruguay y el Casco Antiguo son otros puntos de la ciudad saturados de los bien cuidao, reconocen.

El problema es que muchos llegan con la mentalidad de creerse dueños de calles y estacionamientos al establecer una tarifa, y hasta amenazan con rayar los carros si no les pagan, dice Carlos. “Por eso nos quieren eliminar desde hace rato”.

“Los que estamos aquí no somos niños, sabemos que esto es público y no se puede cobrar por el uso del espacio, nuestro servicio es de vigilancia”, vuelve a justificar Melvin. Y se muestran reticentes con el proyecto que ejecuta la Alcaldía de Panamá de prohibir la práctica de oficios de bien cuidao, empezando por el Casco Antiguo, y formarlos para que se reintegren a la actividad laboral de otra forma.

Resumen su pensar así: “Nos sacarán a nosotros y al tiempo vendrán otros”.

Según reportes de medios extranjeros, los municipios de otros países como Ecuador, Uruguay, Argentina y Colombia también han empleado diferentes medidas para prohibir o, al menos, formalizar el oficio llamado con diferentes nombres en aquellas latitudes como cuidacoches, vigilantes o “trapitos”, pero causando similares malestares como en Panamá: extorsión, insultos y hasta asaltan a los ciudadanos que no han estado dispuestos a pagarles.

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