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Brasileños entre nosotros

No solo el fútbol conquista el mundo este mes, también la cultura de sus anfitriones. Cuatro brasileños hablan de su primer hogar.

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“¡No! Cómo sufro. Jugamos en casa”, exclama Lisete Madeiros de Farias. “No puede ser que pierdan”. Se cubre el rostro, se frota las manos, reza. Su ansiedad solo se convierte en alegría cuando Neymar anota y Jara falla. Brasil clasifica a cuartos de final del Mundial. Lisete salta emocionada. No está en las playas de Ipanema, sino en el Casco Antiguo, aquí mismo en Panamá, en donde vive.

“El Mundial fue parte de mi infancia. Las últimas copas que ganó Brasil fueron en mi adolescencia”, cuenta.

Sin embargo, el fútbol no solo tuvo ese efecto dentro de sus fronteras. Desde que llegó a Panamá hace nueve años, como parte de un dúo de circo educativo, lo que más le preguntan a Lisete es si baila samba o juega fútbol. Y, sobre todo, si conoce a Ronaldinho.

¿Por qué aquí en Panamá y otros lugares fascina tanto la cultura brasileña? Lisete da una palabra clave: la alegría. “Somos un pueblo sufrido, pero alegre. La gente nos asocia con actividades festivas. Es como un estigma positivo, será por el Carnaval”, dice quien forma parte de La Tribu Performance.

Eso no es todo: el portugués es uno de los idiomas más musicales del planeta. Y eso atrae. “A la gente le gusta cómo hablo”, dice Babito Do Carmo, músico, residente en Panamá hace 32 años. “A veces pienso que hablo español, pero en realidad lo mío es ´portuñol”.

Babito llegó al istmo a ofrecer una presentación en el hotel Holiday Inn, pero no le pagaron y tuvo que quedarse un mes trabajando. “En ese mes conocimos a músicos que les gusta Brasil”, recuerda . “Gracias a esas amistades estoy hoy aquí”. Babito y tres músicos más decidieron quedarse y formaron Samba 4, uno de los primeros grupos en divulgar la música brasileña en Panamá.

El grupo ya no existe, pero gracias al Mundial, Babito toca unas cuatro veces a la semana.

Otra compatriota a la cual ha beneficiado el Mundial es Sofía Karr, dueña de Brigadeiros Candy Shop, quien vende repostería de Brasil. Al mes Sofía recibe mil pedidos. Pero con el Mundial los pedidos se dispararon.

“Elegí hacer brigadeiros porque es un dulce nacional de mi país, y no solo nos gusta a nosotros, también a ustedes en Panamá”. Muchos que llegan al local conocen estos dulces porque los probaron cuando estudiaban en la universidad en Brasil.

A esa fiebre contagiosa Bruno Dos Santos le puso un nombre: Brasileristmo, que es también una agrupación donde reúne grupos de capoeira, samba, lecciones de portugués, batucada y todo aquello que suene a Brasil. “Son muchas las cosas que tenemos en común con los panameños”, compara Bruno. “Por ejemplo, ambos valoramos alegría. Amamos, por igual, el arroz y los ritmos”. Seis años después de echar raíces en Panamá, Dos Santos está rodeado de brasileños que siguen los partidos de la selección por la tele. Como él, este mes todos los brasileños están en una sola sintonía: la amarilla.

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