PAULO COELHO

Sobre Carlos Castaneda

VOLUNTAD. De la misma manera que el antropólogo y escritor Carlos Castaneda ordenó que esperasen casi dos meses antes de hacer pública su muerte –comunicada finalmente el día 18 de abril– decidí dejar pasar algún tiempo antes de dedicarle esta columna.

Fue un escritor que marcó a mi generación, porque nos hizo ver la importancia de vivenciar en lugar de apenas intelectualizar. Sus tres primeros libros (Las enseñanzas de don Juan –publicado en Brasil con el ridículo título de La Hierba del Diablo– Una realidad aparte y Viaje a Ixtlán, todos de la editorial Record) son excelentes. Sus siguientes libros continúan siendo buenos, pero de lectura innecesariamente difícil.

A Castaneda se le acusó de fraude, de no existir (corría la leyenda de que sus libros eran escritos por un ordenador), de copiar temas ajenos. Pero sobrevivirá a su tiempo y obtendrá el reconocimiento que merece.

El brujo yaqui Don Juan conversa con el antropólogo: –Nada tiene importancia –dijo el brujo yaqui.

–Pero, Don Juan, si nada tiene importancia, ¿por qué debo aprender a ver las cosas?

–Solo después de aprender a ver podrás decidir si las cosas son importantes o no. Tú ya eres lo bastante adulto como para saber que un hombre de conocimiento vive a través de sus actos, no pensando en sus actos ni pensando en lo que va a pensar después de actuar. Un hombre de conocimiento escoge el camino del corazón y lo sigue. Después, mira al mundo que lo rodea, se pone contento y ríe. Porque sabe que la vida terminará muy pronto. Sabe, porque ve, que no hay ninguna cosa que sea más importante que otra. Un hombre de conocimiento no es fiel a nada, apenas a su manera de vivir su vida.

»De la misma forma, el hombre de conocimiento sabe que todo es una locura, pero entiende que para continuar en este mundo necesita mantener esta locura sobre control. Entonces, él se esfuerza, transpira y bufa; cuando se le mira, parece un hombre común, pero en realidad él mantiene su locura controlada. Sigue en la dirección del conocimiento con miedo, con respeto, sabiendo que se dirige a una guerra.

–¿Cómo puedo ser un guerrero de este tipo?

–Actuando, en lugar de hablar. Usando el poder de tu voluntad. La voluntad es una cosa que el hombre usa, por ejemplo, para vencer una batalla que él, según todos los cálculos, debería perder. Es lo que te hace vencer cuando ya estabas derrotado.

–Yo a esto lo llamo coraje.

–No. Los hombres con coraje viven rodeados de personas que los admiran, pero muy pocos hombres con coraje tienen voluntad. Porque la voluntad es algo que desafía nuestro sentido común. Un hombre de voluntad es un hombre de poder.

–¿Puedo decir que soy un hombre de voluntad si me niego a hacer ciertas cosas?

–No. Negar es una indulgencia. Nos hace creer que estamos haciendo grandes cosas cuando en realidad apenas nos fijamos en nosotros mismos. La voluntad es un poder y, como todo poder, necesita ser controlada y afinada –y eso lleva tiempo.

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