Conciliación con la naturaleza

Una sostenibilidad adecuada se favorece de medios pasivos, como el aire, la lluvia o el sol, y minimiza el uso de acondicionadores ambientales.
Implementar estrategias ‘verdes’ de arquitectura ayudaría a generar un ahorro significativo, tanto para el Estado como para la comunidad. FOTOLIA. Implementar estrategias ‘verdes’ de arquitectura ayudaría a generar un ahorro significativo, tanto para el Estado como para la comunidad. FOTOLIA.
Implementar estrategias ‘verdes’ de arquitectura ayudaría a generar un ahorro significativo, tanto para el Estado como para la comunidad. FOTOLIA.

Un informe, publicado la semana pasada por la revista Science, asegura que el planeta está pasando por uno de los mayores cambios climáticos. El estudio también indica que el clima evoluciona rápidamente, en parte, porque hoy contamos con una mayor contaminación del aire y el agua, sin contar con mayores zonas urbanizadas y hábitats naturales sujetos a estrés.

Una arquitectura responsable y pensada en un contexto natural podría ayudar a aplacar estas secuelas climáticas, y propiciar un uso eficiente de los recursos.

En el conversatorio “Arquitectura bioclimática y eficiencia energética”, realizado en julio pasado en Ciudad del Saber, se discutieron algunos aspectos en torno al estilo de vida y las circunstancias que atañen a la climatología actual.

El director del programa de diseño industrial de la Escuela de Arquitectura y Diseño de América Latina y el Caribe Isthmus, Alejandro Pachón, quien participó en este evento, explicó que en la actualidad hay muchas edificaciones que no fueron pensadas para el lugar particular donde se construyeron.

Hoy día vemos decenas de edificios de cristal, que sin importar dónde se encuentren, no tomaron en cuenta los factores naturales de su entorno. “Dentro de estos edificios, la manera en que se regula la temperatura es a través de acondicionadores de aires o con calefactores, que tienen un consumo energético bastante elevado”, dijo Pachón.

La idea no es prescindir de estos artefactos, más bien minimizar su uso y que el confort interno se logre por medios pasivos, como corrientes de aire y ventilación cruzada, fachadas cubiertas del sol y buenos aislamientos térmicos, por ejemplo.

FUNDAMENTOS

La arquitectura bioclimática no es una novedad. Pachón detalló que desde la Roma imperial ya existían fundamentos basados en el medio ambiente para la construcción. No obstante, con la creación de los sistemas eléctricos de refrigeración y calefacción, comenzó a perderse esta práctica.

Según Pachón, Panamá cuenta con buenos ejemplos de arquitectura bioclimática, como las residencias coloniales del barrio de Bella Vista, la Universidad de Panamá y el Ministerio de Economía y Finanzas, ubicado en avenida Perú, que no requerían de sistemas de enfriamiento, pero que desafortunadamente, en algunos casos, se ha ido perdiendo.

SOSTENIBILIDAD

Boris Peñaloza, ingeniero eléctrico y electrónico, e investigador en el Centro de Investigación e Innovación Eléctrica, Mecánica y de la Industria de la Universidad Tecnológica de Panamá, señaló durante el conversatorio algunas técnicas sostenibles que resultan buenas prácticas en materia de eficiencia energética.

En entrevista con este diario, Peñaloza explicó que las tecnologías sostenibles son, en general, ambientalmente sanas y contribuyen a restaurar el balance entre el desarrollo social, el crecimiento económico y el uso sustentable de los recursos naturales.

“En la actualidad hay tecnologías orientadas a esfuerzos, como la producción de electricidad a través de energías renovables, sistemas solares térmicos, aprovechamiento de agua pluvial y sistemas inteligentes de iluminación”, dijo.

Estos métodos podrían ayudar a generar un ahorro significativo, tanto para el Estado como para la comunidad, y reducir el uso de fuentes no renovables, como el bunker, diésel y carbón, que actualmente se usan en el sector energético y que emiten gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Paralelamente, sugiere también la aplicación de sistemas de aprovechamiento de agua pluvial, “ya que alrededor del 60% del agua que utilizamos no necesita ser potable”, añadió.

Peñaloza explicó que esta metodología consta de tres partes fundamentales: recolección, almacenamiento y distribución, con algunos beneficios concretos, como el acceso a agua gratuita y auxiliar cuando la red de suministro falle y ahorros significativos en el consumo del vital líquido en usos específicos como la higiene y la limpieza, en el hogar y en los comercios, por ejemplo.

Ciertamente, algunas de estas inversiones podrían resultar elevadas en comparación con los métodos comunes. Tanto Peñaloza como Pachón concuerdan en que, a la larga, el costo ambiental y social que pagaríamos por no cuidar de la naturaleza sería trágicamente superior.

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