CAJA DE LETRAS

Da espanto el tictac del reloj

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GLADYS DE BERNETT

A orillas del mar desierto, creció nuestro árbol de naranjos con su piel o cáscara verde. Su fruto dulce como la miel.

Muchos años vivió y murió. Pero repentinamente resucitó. Vive y poco a poco va creciendo, junto a un mar bello que a veces crea vértigos y hasta da horror cuando el sol oculta su luz en cada amanecer.

El tiempo se agranda o se disminuye, y nuestro amor se prolonga porque debemos acelerar el ritmo donde reposa el silencio cuando las palmeras se agitan con faenas largas en tan corta vida.

Son lentas las horas y da espanto el tictac del reloj. Por ello, nuestra alma estremece y buscamos un árbol que nos cobija todos los días del año.

Mar y árbol saben que buscamos lenitivos para vivir y para amar.

Mar, mar, eres nuestro y tenemos mucho de ti. Tenemos tu arena y un amor artificial, superfluo, fugaz. Por eso, las huellas en la arena se quedaron y el naranjo allí floreció.

El árbol de naranjas verdes y frutos dulces resucitó, igual que el mar profundo y el gran amor que este inspira, aunque arremeta el tsunami con su oleaje semejante o igual que tus raíces, tus troncos, tus hojas y tus frutos por tener una razón de admirarte y decir, emotivamente: el naranjo resucitó y con su follaje ardiente nos arrulló, florece el naranjo. Da espanto el tictac del reloj.

(Envíe sus poemas o relatos cortos a la dirección vivir+@prensa.com)

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