Descomplicado es ser ‘normcore’

Jeans desencajados y suéteres en monocolor son parte de la moda ‘simplista’ a la que ningún crítico de moda se atrevería hacerle alarde.

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Prescindir de los mensajes inscritos en el ajuar, incrementar el uso de prendas básicas y el jeans son parte de la denominada corriente del antimoda o el ‘normcore’. Fotolia Prescindir de los mensajes inscritos en el ajuar, incrementar el uso de prendas básicas y el jeans son parte de la denominada corriente del antimoda o el ‘normcore’. Fotolia
Prescindir de los mensajes inscritos en el ajuar, incrementar el uso de prendas básicas y el jeans son parte de la denominada corriente del antimoda o el ‘normcore’. Fotolia

Los devotos del normcore sobresalen por la impresión de verlos idénticos a pesar del avance del calendario.

Steve Jobs, por ejemplo, tiene una secuencia de fotografías en la que, honestamente, solo le cambia el cabello con los años. Para él bastaba una camisa negra cuello de tortuga, jeans índigo y zapatillas; incluso su vestimenta era inalterable los días en que mostraba sus innovaciones ante auditorios repletos de ansiosos clientes por conocer lo último en el emporio de la manzana mordida.

Como si se tratara de un guardarropa de gemelos, los adeptos del normcore son identificados por su estilo inmutable. Adam Levine, el líder de la banda Maroon 5, podría tener docenas de suéteres blancos, grises y negros, en su armario, a juzgar por las imágenes que recolectan diariamente los paparazzi en las salidas del artista a la calle. Tal parece que prefiere el lienzo inmaculado en su ropa para no escatimar en losdiseños dibujados en sus brazos.

Ha sido el presidente estadounidense Barack Obama uno de los voceros del estilo imperturbable, al defender su vestimenta de tonos azules y grises en la revista Vanity Fair: “Estoy tratando de recortar decisiones. Yo no quiero tomar decisiones sobre lo que estoy comiendo o usando porque tengo muchas otras decisiones que tomar”.

El residente de la Casa Blanca asegura haber interiorizado una investigación que planteaba que el acto de elegir algo simple degrada la capacidad de acertar en otras decisiones de mayor importancia.

Esta conducta puede encajar con el individuo que vea en el vestuario algo “irrelevante” en el cual no vale la pena “desgastarse”, explica la analista en marketing digital Elsie Muñoz.

“La sencillez y lo normal puede llegar a ser símbolo de estilo y elegancia”, anota la diseñadora Geniesse Pierre, dos características inalienables del normcore.

ORIGEN

El término normcore gatea cual bebé. Su nacimiento, identificado hacia el 2003, fue reconocido por la agencia neoyorkina KhLoe, asociación que funge como detective de tendencias (“coolhunting”) y en parte, como si fuese la real academia de la moda.

KhLoe señaló a la tendencia como “lo despreocupado y sencillo con lo cual alguien puede pasar lo más desapercibido posible”.

Los responsables del término se cuidaron de no encasillar las prendas a las que se referían (quizá para no herir susceptibilidades), pero sí dejaron entrever que el estilo es “el cuidadosamente descuidado” y que contradictoriamente suele convertirse más tarde en tendencia.

Aunque Pierre advierte que a la hora de etiquetar algo como estilo nada tiene que ver con lo “desaliñado”.

El normcore está presente en la mente de los de su gremio, dice la diseñadora, puesto que las rimbombantes propuestas de las pasarelas no siempre se encuentran de venta en el stock de las tiendas. “Recordemos que aquellas pasarelas donde se exageran las salidas es mera publicidad, luego en las tiendas nos encontramos con piezas sencillas”, acota la conocedora de la adaptación en que se incurre para lograr la utilidad de la pieza.

BÁSICO DIFERENCIADOR

La tendencia del antimoda o de ir en contra de la corriente, también se refleja en las masas. Optar por piezas que parecen pasar desapercibidas tiene su alta influencia y terminan por colarse en las colecciones de la industria de la moda.

Fiona Duncan, columnista en The New York Magazine, apostilló acerca de la tendencia que es “la moda para aquellos que se han dado cuenta de que son uno entre 7 mil millones” y ya no tratan de distinguirse, sino de adaptarse dentro de la sociedad, explica.

“La exclusividad ya no se busca”, reafirma entre las claves del movimiento antimoda la revista Marie Claire.

Mientras que Muñoz consiente la idea de que el normcore está más apegado a la realidad masculina que a la mujer latinoamericana. “Para la damas, escoger la ropa que van a lucir para cada ocasión, más que una tortura o pérdida de tiempo, les representa un placer”.

VESTIMOS IGUALES

El bombardeo de la industria textil hace creer que se puede diferenciar un ser de otro por lo que lleva puesto. Pero, lo cierto es que de alguna manera, en el subconsciente llegamos a comprar las mismas piezas y promulgarlas como las imperecederas del armario.

Una declaración tácita que dos fotógrafos holandeses pudieron deducir luego de ponerle el ojo por 20 años, a lo que la gente común pensaba hacía de forma única con su indumentaria.

Aris Versluis y Ellie Uittenbroek vieron a través de sus lentes una verdad incómoda. “La masificación de la ropa y la tiendas de retail habían hecho accesible cualquier cosa sofisticada”, por ende, la gente adopta patrones en común: un abrigo lanudo, una cartera de una marca reconocida, un chaleco negro, suéteres deportivos o jeans cortos, los cuales pueden mantenerse invariables por décadas.

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