Discuten sobre resistencia a los antimicrobianos

Se destacó el rol del microbiólogo como apoyo en la toma de decisiones clínicas y para la salud pública en general.

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Muestras de ‘E. coli’. NYT Images Muestras de ‘E. coli’. NYT Images

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Enterobacterias resistentes. MCT Direct Enterobacterias resistentes. MCT Direct

Enterobacterias resistentes. MCT Direct

La resistencia a los antibióticos es una preocupación mundial por la morbilidad y mortalidad de los pacientes y por la enorme carga económica que representa. Desde hace varios años se plantea que el mal uso de los antibióticos ha contribuido a que las bacterias se vuelvan resistentes.

En ese sentido, el doctor José Antonio Suárez, asesor de enfermedades tropicales del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), menciona que los antibióticos deben ser utilizados con base en los patrones de resistencia bacteriana que existan en cada país o región. La farmacodinamia, añade, es el buen manejo del antibiótico de acuerdo con su dosis y su tiempo de colocación para evitar fenómenos de resistencia bacteriana.

Este fue el eje central del I Seminario Internacional y la XI Reunión Anual de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica en Microbiología Clínica, realizados en Panamá esta semana e inaugurados por el doctor Néstor Sosa, director del Icges.

Pilar Pardo, en representación de la Organización Panamericana de la Salud, destacó el trabajo del microbiólogo para mejorar la calidad de la atención y ayudar al clínico en la toma de decisiones. A finales de septiembre, señaló, se va a aprobar seguramente una resolución de la región de las Américas para mejorar la acción frente a los antimicrobianos.

Peter Ulleryd, representante de la Organización Mundial de la Salud, explicó la iniciativa GLASS, un sistema de vigilancia global de la resistencia antimicrobial, y los pasos para optimizar el uso de antimicrobianos, aumentar la concienciación pública sobre el problema y fortalecer el conocimiento, entre otros aspectos.

El doctor Suárez añade que es importante que los médicos diferencien entre una infección bacteriana y una viral antes de prescribir un tratamiento. Para ello, deben considerar el examen físico y clínico inicial, pruebas de laboratorio, el interrogatorio clínico, para saber por ejemplo, si hubo alguien en la familia que tuvo catarro, fiebre, etc. en los últimos días, estudios o radiografía en algunos casos, incluso, hasta hacer un cultivo. La correlación integral del paciente nos debe llevar a un buen diagnóstico. Y mientras se use mejor el antibiótico, habrá menor riesgo de resistencia, explica.

Suárez también disertó sobre los factores de riesgo con el neumococo, una bacteria que enferma sobre todo a niños menores de 2 años y a los adultos mayores de 65, así como pacientes con anemias y VIH, que tienen el riesgo de tener una enfermedad invasiva por neumococo.

Hay vacunas contra neumococo que disminuyen enfermedades como neumonía, bacteremia, septisemia, y meningitis, y en países con una buena cobertura de vacunas, el riesgo de muerte por neumococo será menor. Sin embargo, aunque se trata de una bacteria que puede ser susceptible a antibióticos y tiene vacuna, aún ocupa un lugar importante en mortalidad en el mundo. Mas de 700 mil personas en el mundo, entre ellos muchos niños, pueden fallecer por neumococo. Eso se relaciona también con condiciones como desnutrición, pobreza y falta de acceso a tratamiento y vacunación.

Panamá tiene un programa de vigilancia de la resistencia bacteriana a través del laboratorio de referencia del Icges, y de la cobertura de vacunación por neumococo en sus programas de salud.

Factores como viajes, pacientes desplazados, migración, cambio climático, etc. pueden influir en el mal uso de antibióticos y en la resistencia bacteriana. Lo más importante, añade el doctor Suárez, es que los países tengan programas nacionales de resistencia para detectar y levantar las alarmas, definir si se tiene una cepa nueva, autóctona o emergente.

Suárez advierte de que la población debe saber que la prescripción antimicrobiana dirigida, con una receta del médico, a largo plazo, disminuye la resistencia.

“Es muy bueno para un país que se evite la automedicación. Que el antibiótico esté prescrito por un médico, que haya programas de control de infección en hospitales y que los pacientes sigan el tratamiento por la cantidad de días indicados, aunque ya se sientan bien”, porque la erradicación bacteriana necesita un tiempo determinado, según el agente infeccioso.

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