Drexler, el doctor musical

Jorge Drexler habla de su debut como actor, de cómo compone y de lo difícil que fue explicarles a sus padres que no quería ser médico.

A pesar de que nunca fue su “Plan A”, la música siempre tuvo un lugar especial en la existencia de Jorge Drexler en los años que atendía el llamado de la vocación familiar: la medicina.

Pero cuando el embrujo de lo musical lo abrazó a mediados de la década de 1990 en España, “no hubo un instante de duda”. A la música se dedicaría. Adiós, a los libros de medicina y los hospitales.

Así empezó, de lleno, el recorrido de Jorge Drexler, el artista, ruta que este 1 de marzo lo traerá a Panamá para dar un concierto.

Describa cómo será su presentación en el istmo.

Hay dos extremos en mis giras, uno es un espectáculo con banda, más expansiva con nueve músicos en tarima, y más festivo... es una celebración con nueve amigos en el escenario. Pero cuando voy solo es un show más íntimo, más concentrado; es también un concepto de las profundidades de uno y las canciones. También está la interacción con el público y los conciertos con guitarra son más improvisados; puedo ir por el lado que el público me lleve. Puedo cambiar de ruta por la mitad si tengo ganas.

¿Qué conoce del país?

Pues, voy con muchísima curiosidad de conocer. Sé muy poco, voy muy abierto a ver y escuchar.

¿Qué proyectos a futuro puede adelantar?

Lo que más me interesa es mi trabajo con las canciones. También está la gira por varios países de América, y en el interín tengo otras actividades que ocupan menos tiempo de mi carrera, como mi primera vez como actor en la película La suerte de tus manos, que se estrena en marzo. Allí comparto el rol protagónico.

¿Cómo le fue detrás de cámaras?

Ha sido una experiencia buenísima, pero no puedo hablar de los resultados porque no la he visto. El director, Daniel Burman, es alguien a quien admiro mucho.

La verdad es que me fue muy natural, me sentí muy cómodo; no creo que sea por mi capacidad actoral, tal vez fue por mi relación con el director, que es un amigo, o por el guion que era muy fácil. Allí en Panamá tienen un ejemplo muy bueno, Rubén Blades, pasó de un lado [la música] al otro [cine]. Por cierto, no quiero terminar la entrevista sin decir que es un orgullo para mí tocar en la tierra de Blades; soy admirador enorme de su música.

¿Qué otros artistas admira?

La lista es grande: Caetano Veloso, João Gilberto, Chico Buarque, Leonard Cohen, Joaquín Sabina...

¿Cuál temática le gustaría tocar en el futuro?

La verdad, la temática no es el eje de mi composición. Yo a veces me guío más por la fonética, por la métrica. La temática sale después. A veces uno decide trabajar desde la temática, como El pianista del ghetto de Varsovia, pero la mayor parte de las veces yo empiezo a escribir sin una guía temática concreta. Además, a mí me pasa que no escribo sobre lo que quiero, sino que escribo sobre lo que puedo. Tengo temáticas de las que me gustaría hablar, pero eso no significa que pueda hacerlo.

¿Tiene una rutina para escribir o espera a que aparezca la inspiración?

Es como la genética, una mezcla de cosas dadas y adquiridas; en parte, lo que se hereda y en parte, lo que dan las experiencias. Así mismo pasa con las canciones.

Yo creo que todos los días uno tiene un lapso en el que se abre la rendija de la inspiración y entra una idea, solo que si se está componiendo en ese momento se toma y la sigues, pero el resto de los días usas esa energía para solucionar los quehaceres diarios.

No compongo todos los días; componer me implica un compromiso personal de tiempo y emocional, entonces, solo escribo cuando no tengo más remedio; es decir, cuando no tengo más remedio, porque ya el cuerpo me lo pide o porque se llega el período final para entregar un trabajo. Entonces, si me asilo, me sumerjo y me pongo a investigar hacia adentro; digamos, trato de cerrar todo, apagar el teléfono, toda entrada de información, para estar solo y trabajar. Cuando estoy de gira no compongo, estoy más dedicado a vivir, no a escribir.

¿Cómo fue ese salto de la medicina a la música?

Muy abrupto. Fue algo que no estaba pensado. Yo vine un mes a España de vacaciones invitado por Joaquín Sabina, y lo que encontré aquí, la receptividad, el mundo del Madrid de 1995, me pareció tan fascinante que no tuve ni un instante de duda. Fue decir: me quedo aquí y ya.

¿Qué papel ocupaba la música hasta ese momento en su vida?

No es que ocupaba un plano secundario, siempre había vivido para la música, lo que pasa es que no vivía de la música.

¿Cómo tomó su familia el giro?

Yo estudié medicina, porque es una tradición familiar. Mis padres son médicos, mi hermano es médico y, evidentemente, cuando cambié de parecer mis padres... ehhh... imagínese. Fue un lío en ese momento, pero por encima de lo profesional está lo emocional, así que al poco tiempo cuando vieron que yo era feliz con eso aceptaron que tenían que resignarse.

¿Estudió literatura?

Me formé en Uruguay como músico y tomé cursos de literatura y poesía, pero lo que más estudié en mi vida fue medicina, como 15 años. Soy un autodidacta del mundo de las letras.

¿Colecciona algo?

Ehhh... Curioso. Recuerdos nada más. A ver... soy muy poco consistente, empiezo algo y luego lo abandono. Sí, definitivamente solo recuerdos.

Un momento especial en su carrera es...

Hay dos momentos muy importantes. Cuando toco por primera vez en un lugar, como pasará en Panamá, y el otro es la tarde luego de escribir una canción. Es el momento más dulce de la carrera de uno.

Y un mal momento...

Pues, el opuesto a los dos que mencioné. Cuando la canción no sale hay mucha frustración.

Un mea culpa...

Las carreras en las que uno tiene que tomar riesgos, y a mí me gusta tomar riesgos, están llenas de mea culpa. El mea culpa es un efecto recurrente. El peligro de tomar riesgos es acertar o fallar, pero por suerte en los últimos años han sido más los aciertos.

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