Ecoladrillos ´made in Saboga´

Los habitantes de la isla de Saboga se afanan en darle salida a los cientos de botellas de plástico que se amontonan en sus calles, y ahora construyen con ellas.

Después del boom inmobiliario de la ciudad de Panamá, el nuevo epicentro de construcción se gesta en Saboga, una isla del archipiélago de Las Perlas, menos turística que Contadora y vecina de esta.

Pero el “boom inmobiliario” de la isla es más amigable con el ambiente.

Resulta que los isleños –alrededor de medio millar– cohabitan con un problema que se reitera en todas las islas del país: la basura, que también se amontona en las calles de Saboga. Las latas vacías pueden venderlas y les compensa económicamente, pero con el plástico casi no hay dividendos y para deshacerse del material lo queman o lo entierran.

Thomas Fernández y Manu Calel son dos docentes y amigos franceses. Comenzaron siendo turistas en Saboga, y cuando descubrieron el problema de la basura, decidieron involucrarse en buscar una posible salida a los residuos.

“Una amiga nos habló de los ´ecoladrillos”, recuerda Calel y explica: “Botellas de plástico rellenas de residuos plásticos y de papel compactados”.

Esta idea es muy conocida en otros países de América y cuentan, orgullosos, que es la primera vez que se desarrolla en Panamá.

Calel señala que con el ecoladrillo el beneficio es doble: “podemos construir algo y hay una solución para los residuos inorgánicos”.

Hace apenas 10 días estuvieron en la isla desarrollando su plan con la ayuda de los moradores. Niños y mayores se involucraron por igual en el proyecto de construcción de una banca.

“Estuvieron toda la semana almacenando botellas y bolsas de plástico en sus casas”, cuenta Fernández.

“Y cuando llegamos a la isla para iniciar el taller, los niños nos recibieron con cinco ecoladrillos acabados cada uno, sus familiares les habían ayudado en el proceso manual de fabricación”, continúa el francés.

Fernández y Calel reconocen que precisamente los turistas son quienes más basura generan. En un fin de semana, alguien de afuera puede gastar hasta ocho botellas plásticas con agua solo para beber. Y ese plástico termina en las playas o calles de la isla.

Futuros proyectos

Con estos ecoladrillos parece que la semilla del reciclaje ya está dando sus primeros frutos en Saboga, comentan los franceses.

De momento, sus residentes ya cuentan con la primera banca fabricada íntegramente con ecoladrillos.

Fernández y Calel no descartan implantar la idea en otras islas del país, en donde sobran las botellas y desperdicios de plástico.

Mientras, ya hay vecinos de Saboga que trabajan en seguir haciendo crecer la idea de Fernández y Calel. Por ejemplo, Zoraida, la señora que regenta uno de los restaurantes del pueblo, quiere construir una mesa con ecoladrillos y Leónidas, otro residente del lugar, trabaja en una pared de ecoladrillos en su casa.

Parece que la “fiebre” por el ecoladrillo acaba de empezar en Saboga.

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