Ego digital, una moda en red

Con el ego digital, un individuo persigue el reconocimiento continuo usando una imagen ficticia ante sus ´fans´.
Las personas con ‘ego digital’ necesitan adulación constante y solo les interesa el reconocimiento que precisamente pueden alcanzar desde la plataforma virtual. LA PRENSA/Archivo. Las personas con ‘ego digital’ necesitan adulación constante y solo les interesa el reconocimiento que precisamente pueden alcanzar desde la plataforma virtual. LA PRENSA/Archivo.
Las personas con ‘ego digital’ necesitan adulación constante y solo les interesa el reconocimiento que precisamente pueden alcanzar desde la plataforma virtual. LA PRENSA/Archivo.

El ego digital tiene su desarrollo con mayor frecuencia en las redes sociales, porque allí se produce mayor interacción. “Igualmente, se puede dar tanto en un blog como en una página web”, afirma Danitza Haughton, consultora de redes sociales en IA Concepts Latinoamérica.

Esta forma de ser no se limita a una edad específica. Puede darse en adolescentes o adultos y, además, esto es contagioso.

Este comportamiento, caracterizado por la altanería a la hora de emitir mensajes, se arraiga con “la práctica diaria y va creciendo a medida que las personas van adquiriendo fans, experiencia y conocimientos”, indica Haughton.

Realidad alterada

Una de las preocupaciones entre los conocedores de la materia es el grado en que los individuos alteran su propia realidad.

“Las redes sociales permiten mostrar lo que tú quieras, que no necesariamente es la realidad”, explica Amparo Plaza Roca, experta en comunicación digital.

María Teresa Moiyán, antropóloga y consultora de comunicación, compara a las personas con ego digital con avatares o productos de ficción. “En el mundo digital se construyen muchas realidades, muchas veces alejadas de lo que seguramente te transmite la persona cuando la ves frente a ti”.

Pero el ego digital no es infalible, también tiene su talón de Aquiles y, generalmente, pasa la factura al verse reflejado en la cantidad de personas que abandonan o declinan la cuenta del exlíder por decepción o enfado.

En otras palabras, adoptar el comportamiento es asegurarse el fracaso como ´gurú´ en la red social que se emplea.

Lo se planteaba como el objetivo de satisfacción -la acumulación de seguidores- registra un efecto contrario.

Esto puede tener una afectación emocional si se tiene en cuenta que recientemente la revista Phychology Today reportó que, según el psicólogo Guy Winch, el rechazo en Facebook es igual de doloroso que el equivalente al de la vida real.

Esto basado en que un rechazo ´virtual´ activa las mismas áreas del cerebro de cuando experimentamos un dolor físico.

Para el psicólogo clínico Ezequiel Meilij, las personas caen en el error de pensar que una conexión a través de las redes sociales significa tener una conexión verdadera con la persona detrás de la cuenta. Esto crea la “ ilusión de tener cientos, miles de amigos en redes sociales y se sienten menos solos”, dice.

Cantidad frente a calidad

Plaza Roca es del pensamiento en que a pesar de que Panamá tiene una madurez de cinco años ante las redes sociales, esta aparición del ego digital se da porque estamos en un proceso de transición en la comunicación virtual y aún se desconoce su correcto manejo.

Un error que detecta en esta corriente es querer obtener cada vez mayor cantidad de seguidores. Y se pregunta: ¿es mejor cantidad o calidad? “En Twitter -pone de ejemplo- no es lo mismo contar con mil seguidores de suscriptores escasos, que tener 400 seguidores poseedores de mil adherentes en sus respectivas cuentas”.

Para ella, la idea de incrementar número no necesariamente se traduce en tener mayor penetración en la red. “Creen que lideran por tener el número más alto, pero se engañan”, dice Plaza Roca. Además, “están engañando a los demás con el objetivo de ir alimentando ese ego”, anota la antropóloga.

Desventajas

Exponer mensajes y ser percibidos por los usuarios de la red social con actitudes de prepotencia, no siempre supone la fidelidad de las audiencias, lo que redunda en la pérdida de seguidores.

Haughton advierte que tener esta actitud ególatra no conviene en personas que manejan las redes sociales de empresas de comunicación o representan a compañías.

Mostrar esta actitud puede poner en riesgo la credibilidad de la entidad debido a que un comentario mal elaborado puede caer en malinterpretación y llevar al descrédito masivo.

Como una norma general, la especialista resume que “hay que cuidar lo que se expresa, lo que se lee y lo que se responde a quien está del otro lado de la pantalla”.

¡No se contagie!

El ego digital suele ser visto como una corriente “contagiosa”. Haughton describe la actitud correcta: sea transparente y escriba de forma directa, evite imitar a los demás para alcanzar fama o ganar más adeptos, sea la persona real tanto en el entorno cotidiano como en el digital, aprenda a entender los mensajes que le llegan a su medio y maneje ampliamente la información para responder de forma eficaz y oportuna.

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