Etiqueta para la hora del coctel

La anfitriona perfecta siempre tiene un salonero o a alguien encargado de los tragos, la comida se ve y sabe deliciosa y todo está en orden.

Todos conocemos por lo menos una: la anfitriona perfecta, la que jamás se equivoca al ofrecer una fiesta, desde un picnic hasta un baile de gala.

Como el tema es tan amplio, me limitaré al de un cocktail party o bien un happy hour, un coctel, de esos donde no hay tanta etiqueta como en una cena, y donde te ofrecen boquitas; no es raro ver que aunque te invite a “un coctelito”, hay una mesa de mantel de lino bordado (porque oh, no, ¿platos de cartón? Quel horreur!) con un pavo, un jamón, un pernil y sí, eso es caviar, y nada menos que Beluga.

Aparte de estas señoras con fondos y tiempo ilimitados, hay otras que, con un poco de planificación, logran hacer sus ágapes y reciben serena y elegantemente. Comienzan días antes, ya sea organizando menús con servicio de banquetes o cocinándolos desde días antes.

Les paso un dato: la mañana de la fiesta, me voy a Cerro Punta, S.A. y compro mis flores, y lleno floreros de “flores cortadas”. Opto por jarrones grandes de eucaliptos, y floreros medianos o chicos de rosas, que son hermosas y económicas.

Si he de tener un “trago” de la casa, jamás vino tinto, porque nunca falta el borracho que tiña el sofá beige. O sea: sangría blanca, martinis, caipirihnas, pisco sours y margaritas.

Porque, hablando del borracho del vino tinto, siempre hay invitados, desafortunadamente, “inolvidables”.

En toda fiesta hay uno, o varios. Esos invitados que tachas de la lista, a perpetuidad. Si no quieres ser uno de esos, sigue estos consejos.

El bar no es tu sala de audiencias, así que no te instales a echarle tus cuentos a media humanidad (a menos que tú seas político con partida discrecional y ellos, tus parásitos sicofantes, ¡a nadie le importan!)

Evita que te toquen la canción de Amy Winehouse que reza “they tried to make me go to rehab, but I said ´no, no, no.” (“Trataron de hacerme ir a rehabilitación y dije no, no, no”).

Trata de conversar con amabilidad. Si no conoces a tus interlocutores, preséntate. Limpia tu vocabulario y escucha para saber de qué va la cosa. Ten presente que puedes no solo pasar vergüenza tú, sino también tus anfitriones.

Un invitado tiene el deber de ser lo más encantador que le sea posible. Si has hecho tu mejor esfuerzo por conversar con una persona mortalmente aburrida y no ves forma de escapar: a) di que tienes que ir al baño de urgencia o b) tu celular está vibrando y puede ser la oficina.

No te sientes en una esquina a textear o ver tus mensajes. Yo, que tengo las obras completas de Churchill en mi celular, solo las leo mientras espero citas médicas, etc.

Saludar con el codo. Ocurre con frecuencia. Tienes un trago en la mano y un plato de comida en la otra. Usa una sola mano. No lo hagas durante períodos prolongados de tiempo, especialmente si el plato es pesado.

Referente a la comida, recuerda que los dips son para todos, así que tras morder un pedazo de, p.e., apio, no vuelvas a meter el canto mordido en el dip. Sírvete porciones discretas: si no conoces un platillo, ten una servilleta a mano, muerde un pedacito. Ese, te lo tragas. El resto lo forras en la servilleta y buscas un bote de basura o a un salonero. Idem con las pepas de las aceitunas y con los palilos de dientes de los bocadillos, si no hay un recipiente designado para ellos.

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