Evidencia de camellones al este de Panamá

En el paisaje es posible ´leer´ la actividad humana. El saber ancestral permite recuperar zonas de cultivo y adaptarse al clima.

Las primeras evidencias de campos de cultivos elevados en América Central han sido encontradas en una zona de aproximadamente 30 hectáreas en el corregimiento de Santa Cruz de Chinina (distrito de Chepo), al este de la provincia de Panamá, en un proyecto de investigación avalado por la Dirección de Patrimonio Histórico de Panamá y coordinado por Juan Guillermo Martin, de la Universidad del Norte de Barranquilla, Colombia.

Durante la época prehispánica, pobladores de Colombia, Surinam, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia aplicaron esta técnica agrícola en zonas inundables. Esta consistía en excavar canales y formar montículos o ´camas´ de cultivo con la tierra que se sacaba. Los camellones permitían aprovechar mejor el agua y potenciar la productividad de las siembras durante el año.

El hallazgo de estos campos de cultivo elevados en Chinina se remonta al horizonte cultural que cubre el este de Panamá y el nor- occidente colombiano, región que arqueológicamente se conoce como el Gran Darién. “Esto nos plantea que las conexiones que existían con otras regiones no solo eran para el intercambio de objetos, quizás también la transferencia de tecnología y conocimiento era importante”, explica Martin.

DE LA OBSERVACIÓN AL CAMPO

La investigación, en la que también colabora el Dr. Richard Cooke, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Stri), y cuyos resultados preliminares fueron presentados en el reciente Congreso de Antropología de Panamá, se originó en Alemania cuando el arqueólogo Rainer Schreg, del Römisch-Germanisches Zentralmuseum, notó en fotos satelitales unos trazados en el terreno de esta zona al este de Panamá. Tras obtener las coordenadas, Martin ubicó el sitio y se dirigió allí con el arqueólogo Tomás Mendizábal para hacer una prospección.

“Fuimos a Coquira [puerto], cruzamos el río Bayano y llegamos a Chinina, narra Martin. “Confirmamos que era una alteración del paisaje, que seguramente tenía que ver con actividad humana. En ese lugar no hay más de 200 personas y la agricultura es mínima. El dueño de la finca nos contó que hace 15 años había desmontado para introducir ganado y se dio cuenta de estas ondulaciones, pero no les prestó atención. En una parte que él dedicó al cultivo de yuca, hay una acumulación de materia orgánica producto de la actividad humana que hace más fértil ese lugar”.

Posteriormente, los investigadores consiguieron fondos internacionales y en 2011 trabajaron en campo por tres semanas. Encontraron cerámicas, herramientas de piedra y carbón asociado con cerámica, que fue fechado entre 1300 y 1400 años de nuestra era, lo cual era indicio de una ocupación prehispánica.

“Sin embargo, necesitábamos datos de cultura material de la zona de canales y camellones para establecer esa relación”, añade Martin. “Hicimos una trinchera que cubría un camellón y un par de canales. En el fondo del camellón encontramos cerámica que se fechó en 1300 años de antigüedad”.

También recolectaron sedimentos en columnas para hacer análisis palinológicos (de polen), pero la muestra no permitió llegar a una conclusión. “Trajimos fragmentos de metate que habíamos encontrado, y en este momento estamos en espera de unos análisis de fitolitos y almidones por parte de un equipo de Stri, liderado por la Dra. Dolores Piperno, para ver si obtenemos información paleobotánica y podemos determinar qué se cultivaba allí”.

El investigador describe que los cambios en el uso de suelo, la deforestación y la ganadería tienen un gran impacto, sobre todo en zonas tropicales, donde las lluvias generan procesos erosivos “impresionantes” y el suelo se lava rápidamente.

Ante estos factores, plantea que implementar técnicas agrícolas ancestrales ­como los camellones y canales­ permitiría a comunidades como Chinina recuperar áreas inundables y convertirlas en zonas fértiles y prósperas, y así no dependerían tanto de la compra de alimentos en una cabecera municipal o en la ciudad.

“Ese conocimiento de los antiguos pueblos demuestra que ellos aprendieron a adaptarse a su ambiente: sabían que eran tierras inundables y aprendieron a explotarlas de manera sostenible. Para la arqueología, esta oportunidad va más allá de saber qué pasó hace 500 o mil años. Si se aprovecha el conocimiento ancestral, quizás finalmente tengamos un futuro de bienestar para estas poblaciones”.

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