Generación sin ataduras

La generación nacida entre 1980 y 1990 tiene expectativas diferentes acerca del trabajo. Este grupo creció en medio de la tecnología y las redes sociales.

Andrés tiene 22 años, desde hace un año trabaja en una empresa internacional y está a punto de terminar su licenciatura. Mientras toma un par de materias de posgrado planifica la maestría que seguirá y piensa en un proyecto de empresa para desarrollar en el futuro.

Creativo, dinámico y al tanto de los avances tecnológicos, Andrés es un fiel exponente de la “generación Y”. Con este nombre se denomina a los nacidos entre las décadas de 1980 y 1990, y aunque según el sociólogo Bolívar Franco el término se usa sobre todo en los países de habla inglesa, medios de países latinoamericanos han hablado al respecto.

El diario La Nación de Argentina lo mencionó hace cinco años, cuando calificó a esta generación como “jóvenes audaces, con sólidos conocimientos de tecnología... Retenerlos es un desafío; están siempre abiertos al cambio y nada atados a la rutina”.

En el campo laboral llegaron para imponer nuevas reglas, según un reportaje más reciente del diario argentino El Clarín.

Esta generación, también conocida como del milenio, vivió la transición entre dos siglos, y Franco define a sus integrantes como apegados a la tecnología, con un sentido del futuro incierto, “en un mundo del calentamiento global, de la frustración, del enojo reprimido, la superficialidad y la irresponsabilidad. Aunque no hay que generalizar”, aclara.

Actualmente, esta generación convive en lo laboral con la X, un grupo más fiel a sus ideales y que utiliza más su lógica.

Sin embargo, a pesar de las diferencias intergeneracionales, en la convivencia ambos grupos tratan de adaptarse y seguir las reglas del juego, comenta Franco.

Expectativas

Los tiempos han cambiado y los jóvenes que han crecido en medio de iPads, blackberry, iPhone, Facebook y Twitter tienen prioridades diferentes que las de sus antecesores.

En el trabajo, “les gustan los horarios flexibles y buscan tener un mejor balance del trabajo y la vida. Le dan prioridad a la familia por encima del trabajo y tienen una expectativa del trabajo diferente”, detalla Ana María de Chiquilani, vicepresidenta de Gestión Corporativa de la Autoridad del Canal de Panamá.

Quienes tienen entre 18 y 30 años no buscan quedarse en el mismo puesto de por vida o hacer carrera en una sola empresa, buscan escalar posiciones y vivir emociones diferentes.

Sin embargo, esto puede ser una de sus debilidades: “son impacientes en su desarrollo profesional, tienen dificultad para aceptar críticas, no les gusta leer y tienen deficiencias en la redacción”, apunta de Chiquilani.

Entre sus fortalezas están la actitud retadora, se adaptan al cambio y que cuentan con varios títulos universitarios.

Andrés es un muchacho responsable con su trabajo y sus aspiraciones son altas. No obstante, no ve que su carrera laboral vaya a ser un obstáculo con sus aficiones. Al tiempo que gana experiencia laboral y estudia, se esfuerza por construir poco a poco su sueño de tener un estudio de grabación, pues ama la música.

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