Historias bajo la sombrita

Hoy, a las 4:00 p.m., se presenta el libro ´Por la sombrita´, cuya autora es la periodista panameña Roxana Muñoz.
Cada semana, Muñoz entra en la vida de los lectores de la revista ‘Ellas’ de ‘La Prensa’. Foto: Alex Alba. Cada semana, Muñoz entra en la vida de los lectores de la revista ‘Ellas’ de ‘La Prensa’. Foto: Alex Alba.
Cada semana, Muñoz entra en la vida de los lectores de la revista ‘Ellas’ de ‘La Prensa’. Foto: Alex Alba.

Cuando concluyó la columna semanal la “Vida en Fucsia”, escrita por las periodistas Ileana Pérez Burgos, Esther Arjona y Roxana Muñoz, quedó un espacio vacío en el corazón de más de un lector de la revista “Ellas” del diario La Prensa.

“Por la sombrita encontró allí un lugar. Pero no la reemplazó. No podría. Han pasado siete años y todavía encontramos lectoras que nos hablan de La Vida en Fucsia con cariño, como si fuera ayer”, explica Muñoz, quien es la editora de los especiales de la revista Ellas.

Recuerda que la primera entrega de su nueva columna apareció en enero de 2007, “con una historia sobre los poderes sobrenaturales del sillón para que caigas rendido de sueño y de cómo la gente que se duerme en los sillones jamás lo acepta, siempre dice: estoy descansando los ojos”.

Hoy, a las 4:00 p.m., en el salón Chaquira de Atlapa, Roxana Muñoz presentará un compendio de sus textos en la obra Por la sombrita, con ilustraciones de Melissa Leyton.

Por la sombrita es un boleto onírico al pasado, pero también al presente colectivo, pues al final cada quien ha tenido un primo inquieto, conoce a una persona de nombre diferente, ha probado una comida que se ha borrado en el tiempo, viajó en los casi desaparecidos diablos rojos, tuvo una mascota de cariño inolvidable o le encantó una moda que hoy no se pondría ni bajo amenaza de fusilamiento.

¿En qué momento te diste cuenta de que te gustaba eso de contar historias de forma semanal?

La Vida en Fucsia fue la oportunidad para hacerlo. Allí me di cuenta de que disfrutaba escribir así como si le hablaras a unos amigos relajados todos, riéndose. No soy tan buena echando cuentos en persona, pero creo que me salen bastante aceptables por escrito.

¿Qué puedes adelantar del libro ´Por la sombrita´?

Traté de incorporar columnas de todos los años desde 2007, alrededor de 5 o 6 de cada año. Incluí las que habían generado muchas respuestas de los lectores. Todo lo que tiene que ver con recuerdos de la infancia, sobre todo una infancia feliz en el interior, gusta mucho. También asuntos de los años de 1980 como las hombreras en las chaquetas o comer Cerelac.

¿Cuándo sabes que tienes un tema para desarrollar en la columna?

A veces es algo que está en el ambiente. Coincide en un mismo mes que tres personas en lugares distintos me dicen que su abuelita ve la lucha libre o que sus bebés quieren encender el televisor como si fuera la pantalla de una tablet. Y me digo: aquí hay un tema.

¿Qué te ha parecido la reacción de los lectores?

Es muy grato cuando alguien me escribe que una anécdota sobre una hamaca colgada en un jorón, en San Carlos, le recuerda su infancia en Penonomé, o que los profesores de los que yo hablo en el IJA le recuerdan a los que él tenía en el José Daniel Crespo en Chitré. Nos encontramos en un pasado compartido. Igual me pasa que la gente me dice que entendió en la columna algo que yo nunca quise decir, pero eso está bien porque en el momento que la columna se publica ya no se trata solo de lo que yo quise decir, sino de lo que la gente comprende.

¿Dónde encuentras las historias?

Aquí lo confieso: estoy atenta a lo que se escucha en las filas del supermercado, del registro civil, en las paradas, en la oficina y también en el Twitter. Y aunque no suelo usar nombres verdaderos, la historia sí lo es, porque esto no es ficción. La realidad es mejor.

¿Sigues un plan para la construcción de tus narraciones?

El plan es, muchas veces, buscar un punto en común con los lectores, un tema con el que todos nos sintamos identificados. A veces solo quiero expresar mi punto de vista sobre un tema, y aunque sea un tema serio, nunca me gusta ser seria; no cuando escribo Por la sombrita. Para ello, me gusta la ironía, el humor panameño pícaro y me gusta reírme de mí.

¿Te inquieta el encuentro con los lectores, qué pensarán sobre cada columna?

Siempre. Pero creo que no debes escribir una columna pensando en cómo quedar bien, y menos pensando voy a usar esta palabra para que vean cuánto sé, o no voy a usar este chiste porque después alguien se va a ofender. Ir con tanto cuidado hace que pierda autenticidad. Y sí hay gente que a veces se ofende, porque piensa que me he burlado de sus costumbres o de su tierra. Pero la mayoría de la gente se ríe.

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