Juan Luis y nada más

Juan Luis Guerra ofreció su espectáculo ´A son de Guerra´ ante una complacida concurrencia que abarrotó el Figali Convention Center.

No hizo falta pirotecnia, efectos, rampas que se elevan, un cuerpo de baile con 20 integrantes, ni incontables cambios de vestuario. Todo lo que necesitó Juan Luis Guerra para animar al público panameño fue cantar en compañía de los músicos de 4.40.

Ese es el tipo de conciertos que no se ve tan seguido en este istmo. Los pop y rock stars modernos han acostumbrado a las masas a deleitarse con los complementos del espectáculo y obviar aspectos fundamentales.

Juan Luis Guerra se mantiene chapado a la antigua en ese sentido. Sí, su escenario contó con amplias pantallas y un buen juego de luces, pero no más, y eso le bastó a la concurrencia que abarrotó el Figali Convention Center el pasado 27 de agosto en la parada de su gira ´A son de Guerra´. Mas de 10 mil personas asistieron al show, según estimaciones de Magic Dreams, organizador de la actividad.

LOS DETALLES

A las 8:00 p.m. abrieron las puertas del recinto y a las 10:00 p.m., cuando la dominicana Amelia Vega apareció para abrir el concierto, las filas en las diferentes áreas eran de no acabar.

Así, con la gente acomodándose en sus lugares y pidiendo tragos y comida, la sobrina de Juan Luis Guerra presentó una modesta actuación, sin orquesta, sin gracia, solo acompañada de un puñado de bailarines y las pistas de su disco debut, Agua dulce, lanzado hace poco.

Ella recordó que esta tierra le resulta muy especial; cómo no, si hace ocho años fue coronada aquí como la mujer mas bella del planeta. Los espectadores fueron amables y la despidieron con aplausos.

La salida del espigado cantante dominicano fue a las 10:30 p.m. El artista entonaba Apaga y vámonos y aún había gente haciendo cola para entrar.

La bilirrubina, La travesía y La llave de mi corazón fueron interpretadas casi sin pausa.

Desde el primer instante, la mayoría de las personas se puso de pie y los que se movilizaban entre los pasillos de las apretujadas mesas agitaban sus brazos de un lado a otro sobre sus cabezas. Otros se tomaron por las manos y la cintura y bailaban como trompos.

Era un panorama muy distinto al del último concierto que dio el dominicano en el istmo en noviembre de 2008 cuando una torrencial lluvia le aguó la noche a los fans del cantante. Aquella vez el evento se realizó a luz de la luna y las estrellas en la Plaza Figali y el aguacero empapó mesas, sillas, a la gente, y la pista de baile era un charco que daba a los tobillos. Para muchos fue como pasar el Niágara en bicicleta, según pregona Juan Luis.

Ahora todos estaban felices y se animaron mas con clásicos del artista como Bachata rosa, El costo de la vida, Las avispas, Visa para un sueño, Para ti, Como yo y las nuevas canciones también agradaron, entre ellas, Son al rey, Mi bendición, La guagua y Bachata en Fukuoka.

La presentación contó con un popurrí de salsas, más un par de canciones acústicas (Si no bailas conmigo y Cuando me besas) y simpáticas interpretaciones de El Niágara en bicicleta (en la que Juan Luis se subió a una de estas naves de dos ruedas mientras las pantallas lo ayudaron a simular que daba un paseo por su tierra natal) y La calle (que cantó a dúo con el colombiano Juanes, quien fue proyectado a través de una gran pantalla que descendió al lado del dominicano y visto de frente, parecía que ambos estaban en la tarima).

El único “pero” a estas alturas era el sonido, que otra vez no fue el más claro. De hecho, a veces costaba entenderle al cantante.

Y para cerrar el show, nada mejor que aquellas canciones queridas en medio del juego del supuesto adiós. Es que el cantante se despidió en tres ocasiones y su público lo hacía volver. En ese relajo, varios salieron del local con prisa cual Cenicienta (casi eran las 12:00 medianoche), pero volvieron al escuchar El farolito, Reina mía, Cosquillita y, especialmente, Estrellitas y duendes, Frío frío y Ojalá que llueva café.

Ese sí fue el final y no quedó tiempo para Me enamoro de ella, La hormiguita, Que me des tu cariño, Palomita blanca, Como abeja al panal y otras que serán cantadas en otra ocasión.

Juan Luis Guerra dio las gracias, y todo mundo ¡a correr! para evitar el inminente congestionamiento que se avecinaba.

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