Medición de carbono en Darién

Fueron a Darién para medir los árboles y calcular su capacidad de almacenar carbono, y encontraron más que eso.

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Medición del diámetro de un árbol en Arimae. Científicos y técnicos encontraron árboles con dimensiones no documentadas antes en el país. CORTESÍA | Javier Mateo-Vega. Medición del diámetro de un árbol en Arimae. Científicos y técnicos encontraron árboles con dimensiones no documentadas antes en el país. CORTESÍA | Javier Mateo-Vega.
Medición del diámetro de un árbol en Arimae. Científicos y técnicos encontraron árboles con dimensiones no documentadas antes en el país. CORTESÍA | Javier Mateo-Vega.

La provincia de Darién, al oriente de Panamá, ya tiene “carboneros” locales capacitados por científicos, quienes durante el trabajo de campo se toparon con hallazgos “extraordinarios”. Todo comenzó hace unos tres meses con la ejecución de un proyecto administrado por la Organización de Jóvenes Emberá Wounaan de Panamá (Ojewp).

Con apoyo del Environmental Defense Fund y de la científica Catherine Potvin, de la Universidad de McGill en Canadá e investigadora del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Stri), Ojewp recibió fondos del Banco Mundial para hacer un proyecto de medición de carbono en 17 territorios de las tierras colectivas emberá wounaan en Darién.

“Ojewp lidera la iniciativa y fuimos invitados como coordinadores científicos del proyecto para ayudarles a establecer metodologías y hacer el trabajo de campo”, detalla Javier Mateo-Vega, del Stri y la Universidad de McGill. “Creo que la motivación de las autoridades locales ha sido saber cuánto carbono tienen en su territorio para tener la opción de participar o no en algún mecanismo de carbono [herramienta contra el cambio climático que consiste en captar una inversión para apoyar la protección de un bosque que sirve como sumidero de carbono, como el programa REDD]. Nosotros brindamos el apoyo científico, pero no nos corresponde ese tipo de negociación”.

Inicialmente, fueron capacitados unos 15 técnicos locales en la medición de carbono (“carboneros”), empezando en la comunidad de Arimae. Visitaron 5 de los 17 territorios distribuidos a lo largo de Darién: Arimae, Playa Muerto, Caña Blanca, Río Congo y Balsas. Con el apoyo de Mateo-Vega y de José Monteza, experto en botánica de Stri, establecieron parcelas de 1 hectárea para medir e identificar los árboles y, eventualmente, calcular valores de carbono por hectárea y extrapolar los datos a los diferentes tipos de bosques.

“Hicimos 30 parcelas de 1 hectárea cada una. En todas las comunidades participaron jóvenes de esos territorios; más de 35 personas se capacitaron”, dice Mateo-Vega.

Acompañados por miembros del Servicio Nacional de Fronteras que les brindó apoyo en la logística, el equipo se internó en bosques primarios que les impresionaron por la cantidad de árboles de gran tamaño que había.

“Darién es la Amazonia de este país. Pensamos que con este trabajo vamos a redefinir el bosque de tierras bajas de Panamá”, expresa con emoción Potvin. “Encontramos bosques donde había árboles con diámetros que no sabíamos que existían aquí y con alturas impresionantes. Los árboles de diámetro más grueso de los que tenemos mediciones documentadas por la ciencia en Panamá eran de 2.50 m, y hemos encontrado árboles en Darién de más de 3.50 m de diámetro. Se calcula que pueden tener de 200 a 300 años, por lo que se trataría de un bosque primario. En la parcela de 50 hectáreas que tiene Stri en la isla de Barro Colorado, hay 1 solo árbol de más de 50 m de altura. Y en Darién hemos visto varios árboles por hectárea que superan esa altura y con diámetros de más de 50 cm. Incluso, vimos uno de 74 metros de altura. Los libros indican que los más altos son de unos 40 m. Somos testigos privilegiados de la riqueza de Darién; ahora sabemos que hay bosques con árboles mucho más altos, anchos y densos de lo que se pensaba”.

Frente a este hallazgo, a la científica le preocupa la gran presión que hay alrededor de los territorios indígenas, y considera que es imperante un cambio en la percepción que se tiene de los bosques. “Son una herencia para los panameños y para el mundo en general, vale la pena protegerlos. Si se hace una Constituyente, habría que reconsiderar el artículo 123 de la Constitución panameña [que menciona que el “Estado no permitirá la existencia de áreas incultas, improductivas u ociosas”]. Según Potvin, los bosques no deben considerarse como tierra ociosa, sino que hay que valorar sus servicios ambientales, incluso su rol en la lucha contra el cambio climático.

Para los grupos indígenas, los bosques tienen valores tradicionales (comida, semillas, fibras, agua, vida silvestre –durante los recorridos vieron hasta ¡un jaguar cruzando un río en pleno día!–), pero con este proyecto, agrega Mateo-Vega, han incorporado la dimensión de que son sumideros de carbono.

Por años ha existido el debate sobre qué tipo de bosque captura y fija más carbono de la atmósfera, los maduros o los más jóvenes, donde los árboles aún están en crecimiento. Al respecto, Potvin indica que hace unos seis meses, se publicó un artículo en la revista Science, en el cual se calculaba la cantidad de carbono que captaban árboles de diferentes tamaños. “La sorpresa de los autores fue que los árboles más grandes siguen captando mucho carbono. Este hallazgo duplica el valor de bosques como los de Darién, clasificados entre los 10 bosques de frontera más amenazados y de más valor del mundo”.

La segunda fase del proyecto, que seguirá en las próximas semanas, contempla hacer otras capacitaciones, incluyendo el uso de computadoras y tabletas, para calcular el carbono con base a los datos obtenidos y cómo “traducir” esa información a mapas. “Esperamos tener resultados preliminares al final del año”, dice Mateo-Vega, quien paralelamente analizará los datos de manera científica para publicar en revistas especializadas.

Potvin aboga por un modelo de desarrollo respetuoso de la naturaleza y la planificación territorial según la vocación de cada lugar, donde se defina qué tierras son buenas para agricultura, zonas forestales, de aprovechamiento maderable sostenible y de protección, pero la idea de una carretera que atraviese Darién es una “pesadilla” para los biólogos, menciona, porque el Estado no tiene capacidad de control para lo que vendría.

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