Ozono se salva, invernadero en alza

Los gases refrigerantes HFC, creados para no incidir en el deterioro de la capa de ozono, pueden contribuir al calentamiento global.

Cada vez que usted obtiene alimentos congelados, estos han sido conservados previamente por sistemas de refrigeración para que estén en buen estado. Estas máquinas necesitan del gas HCFC-22 para funcionar, el mismo que se requiere al usar el aire acondicionado.

El HCFC-22 es un compuesto químico que una vez liberado a la atmósfera puede permanecer hasta 13 años y 3 meses destruyendo las moléculas de ozono que son las que conforman una barrera para defender a la Tierra y a los seres humanos de la penetración directa de los rayos ultravioletas.

El HCFC-22 pertenece a la gama de los HCFC clasificados como sustancias agotadoras del ozono (SAO).

A este grupo también pertenecen el HCFC-123, HCFC-124, HCFC-141b y HCFC-142b, con diferentes capacidades de deterioro en la capa de ozono.

ACCIÓN EN PANAMÁ

Es así que este año, para cumplir con el artículo 5 del Protocolo de Montreal -que se ajusta a países en vías de desarrollo- se estableció un límite de consumo de los HCFC.

Elvis Bósquez, coordinador del proyecto Plan Nacional de Eliminación de HCFC del Ministerio de Salud, explica que la cuota de consumo nacional no debe sobrepasar 430 toneladas métricas.

El año pasado se usaron 534 toneladas métricas de HCFC, lo que significa que este año dejaremos de emitir 104 toneladas métricas de esos compuestos perjudiciales al ozono en la atmósfera.

Bósquez confía en que Panamá cumplirá en diciembre con el parámetro de consumo establecido, pues la importación de los HCFC es fiscalizada por Aduanas y el Minsa.

“De enero a agosto de 2013, el consumo del país es de 219 toneladas métricas. Es decir, el 51%, lo que indica que vamos encaminados a cumplir con su compromiso para este año”, sustenta el experto.

Una solución que está dándose en el ámbito mundial, es que las empresas fabricantes de los HCFC deberán sustituirlos por gases HFC (Hidrofluorocarbono) u otros gases naturales (CO2, amoniaco e hidrocarburos), que carecen de potencial de agotamiento del ozono, porque no contienen un átomo de cloro, que es lo que separa dos de los tres átomos de oxígeno que conforman una molécula de ozono.

Otra medida que será adoptada en 2014 en Panamá será la eliminación de los HCFC-141b, los cuales, señala Bósquez, son mal empleados por técnicos que los dejan escapar a la atmósfera al inyectarlo a presión durante la limpieza de aparatos de aires acondicionado y refrigeración.

Una vez liberado, el HCFC-141b podría pasar 9 años con 5 meses repitiendo el ciclo destructivo del ozono.

Desde 2015, el Ministerio de Salud establecerá reducciones anuales de 10% hasta completar en 2040 el 100% de la eliminación de los permisos del uso de los HCFC en el istmo. El protocolo de Montreal tiene como objetivo que los países en vías de desarrollo eliminen estas sustancias para 2040.

Cuando todo estaba marchando bien en cuanto a la recuperación del ozono, los investigadores que crearon sustancias alternas al HCFC, como los HFC, ahora retroceden en sus planes.

Bósquez explica que el HFC, que es inofensivo para el ozono, tiene un impacto negativo para el cambio climático.

“Los HFC son ideales para la capa de ozono, pero no son buenos contra el calentamiento global”, dijo.

Por ejemplo, el HFC-134a (utilizado en refrigeradoras domésticas y aires acondicionados en vehículos) tiene un nulo valor de agotamiento del ozono. Sin embargo, concentra mil 300 poder de calentamiento global (PCG); es decir, que 1 kg de HFC equivale al mismo poder de mil 300 kg de CO2 o dióxido de carbono, uno de los gases que actúa en calentamiento global.

Alfonso Pino, director del Laboratorio de Física de la Atmósfera de la Universidad de Panamá, comenta que con este hallazgo la atención se concentra en las implicaciones del calentamiento. “El problema es que conforme pasen las décadas, la concentración de los HFC va a ir aumentando y va a ser un gas desencadenante del efecto invernadero”.

“Se está investigando para hallar sustitutos de sustancias que no contribuyan al calentamiento global y que a la vez no agoten la capa de ozono”, señala Bósquez al respecto.

CONSECUENCIAS

Bósquez enumera las distintas afectaciones adversas que causan los rayos ultravioletas: van desde los efectos en la salud humana (aparición de cáncer de piel, cataratas oculares y debilitamiento del sistema inmunológico), el ambiente (disminuye el crecimiento de las algas marinas) y en la agricultura (baja producción de las cosechas).

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